Llaman mi atención.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Querida Soledad:


No quiero frenar el tiempo, no busco saber del futuro, no espero aprenderlo todo del pasado solo quiero tenerme en cuenta en el presente y nunca olvidar a los que me han hecho llegar hasta aquí.
De fondo suenan, mi querida amiga, unas canciones divertidas llenas de color y de campanas pero todo parece ser una fachada para no admitir la dificultad de estas fechas.
Llueve en el alma, se agrieta el corazón, se fingen las sonrisas y todos los que nos sentamos alrededor de la misma mesa durante todos los años observamos con pesadez en el rostro esos asientos vacíos, pero seguimos comentando cosas absurdas para ver reír al de al lado.
Ahora toca pensar en la definición de familia. Según la RAE la primera definición es: Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas. 
Pues bien, llegados a esta conclusión permitirme dar mi propio argumento. La familia es tu total, tus carencias, tus impulsos, tus sonrisas, tus miradas, tus malos días, tus abrazos más sinceros, tus mañanas a gritos, tus noches a risas, tus recuerdos, tu futuro y tu presente. No hace falta convivir con la familia de cerca para sentirla, no hacen falta palabras para poder comunicarse con ella, no es necesario verla cada mañana  para saber que pase lo que pase van a estar ahí. Parte de mi sangre recorre las venas de muchas personas pero mi corazón viaja al lado de otras que un día el destino plantó en mi camino, el cual me pidió que lo cuidase para que ellos diesen fruto. Y así fue, amada mía... Así se forman las verdaderas familias. Un día conoces a una persona y sin darte cuenta hace de tu vida algo mucho más valioso.
Mi vida perdió valor con los años y lo ha ganado por otros. 
Hoy te contaré como perdí valor:
Cuando aquella niña era más pequeña crecía rodeada de una naturalidad que llevaba impregnada en las venas. Todas las mujeres de aquella familia de sangre se caracterizaban por su fuerte genio. <<Duras como pelouros e listiñas como uns "aniños ou alliños">> (nunca se llegó a saber lo que realmente decía) así las describía una de las mayores. 
Aquella tan pequeña seguía sus pasos con gran ímpetu. Fue dulce el tiempo que pasaba en los brazos de sus ejemplos de vida. 
Escuchaba cantar cada sábado, disfrutaba de la familia cada día como si todos fuesen fiesta y una persona más en casa significaba unas horas grandiosas. No tenían grandes lujos pero todos sabían que había sentada en la esquina de un banco de la cocina el mayor tesoro que nunca nadie podría poseer y era de ellos por completo. De aquellos, claro, que supieron apreciarlo.
Era su olor a polvos de talco, su sonrisa, su forma de hablar, su buen humor hasta en los peores días, sus verbenas, su piel suave, sus ojos del color de un prado... Su nombre tan incoherente con su manera de ser. Solo un nombre era plenamente acorde a su forma de ser: Primavera. Así la llamaba la pequeña.
Una mañana, ya algo más mayor despertó con llantos en la habitación de al lado. No pudo olvidar el olor a la pintura nueva de su habitación que estaba fría ya que estaba vacía. Solo escuchó: "se murió la abuela".
Aquella mañana, tan temprano, puso una canción. Era una canción triste sobre la pérdida de una madre. Ella pudo comprender el dolor.
Se vistió rápido y el camino de ida se hizo eterno. Cuando llegó, las nubes teñían el cielo de gris y en aquel lugar tan melancólico se forjó un silencio que se clavaba en su pecho como dagas en la espalda.
Entonces empezó a llover cuando ella ya estaba a salvo y recuerda que también empezó a llover en sus ojos.
La vida continuó para aquella niña. Sin más pero con menos al igual que para todas las personas que paseaban a aquella mujer en sus mejores recuerdos, en sus memorias y en su cariño.
Los años pasaron y a partir de ese día aquella estúpida niña no cometía más que errores.
No se rindió.
Soledad, hoy la vida sigue y los de siempre siguen con nosotros.
Hace unas mañanas despertó y sintió que todo era diferente, que por un momento volvía a atrás. No es que quisiera viajar en el tiempo, si no que ella volvió a sentirse plena. El valor, la fortaleza y el rostro de una mujer. Vio que todo era posible, que lo había conseguido: Volvía a ser ella misma.
Se forjó un escudo de pena por última vez ya que había perdido su tiempo todos esos años pero se dio cuenta de que a la mañana siguiente iba a ser un nuevo día y que el tiempo estaba en sus manos.

Este será el último día del año. Por fin se ha acabado el 2012 y toca deshacernos de recuerdos. Por mi parte dejaré bien de cerca el día 1 de enero, el día que las noticias hablaban de niños felices, el reencuentro con los míos, este último día, el día en el que acabé la primera parte de esta última maratón, el día en la playa con mi madre, dos días y una noche en una ciudad cercana, estas últimas semanas tan nocturnas y la madrugada del 23 de agosto sobre la 1:35, una mañana de hace poco en la que recuerdo que la espera no se hizo tan larga pero que el frío me acunaba aún haciendo algo de sol y también quiero quedarme contigo, amiga fiel. Todo lo demás se lo dejo a quien decida marchitar su vida con detalles absurdos. Han sido 365 días muy pesados, muy vacíos pero tengo la sensación de que el 2013 va a venir cargado de buenas noticias para mí, como venían antes y eso es todo lo que quiero sentir hoy.

Gracias a mi familia porque a pesar de los malos momentos de este año tan duro y tan enfermizo no pierden las ganas de fiesta.
Gracias en concreto a una de las personas más maravillosas del mundo, mi madre.
Y como no, a ti, Soledad, que a pesar de haberte dejado de lado mucho tiempo no te faltan ganas de pasar las noches conmigo.

P.

PD: Suerte y feliz año nuevo a todos los que tenéis paciencia para apoyarme en este pequeño sueño que sigo desde hace mucho tiempo. Gracias a vosotros también.

martes, 18 de diciembre de 2012

Buenas noches a todos una vez más:

Cortarme las alas, quitarme la vista, el habla... No me importa nada mientras tenga letras que permitan que siga escribiendo y contando historias en las que cuele pedazos de mis resentimientos. 
Cualquier vida es sencilla si quien la vive piensa poco en ella, pero me considero una persona que aprende y exprime cualquier experiencia al máximo eso hace de mi vida una atracción de sentimientos diaria.
Basta una canción, una simple melodía; me basta con una imagen que me haga sentir llena y también con sentir el frío de la costa noroeste en mi garganta de camino a casa. Cualquier recuerdo basta para que mi mente exprese con precisión cada detalle que pasa por alguno de mis sentidos.
No soy la mejor en esto, no me acerco a serlo pero no lo hago para gustarle a los demás, lo hago porque esto es mi vida y esto es lo que hace que me sienta libre.
Siempre he soñado con ser un pájaro, me encantaría volar. Cuando observo a las aves ir de aquí para allí sin cesar me da la sensación de que a pesar de que nunca salen del mismo sitio en el que están, son libres. Respiran el aire de una naturaleza diferente, especial.
No creo en la felicidad, sí en que es una fase momentánea pero no en ella como forma de vida. Soy pesimista, cabezota y es raro el día en el que esté de buen humor. Pocas veces encuentro razones para decir que estoy bien y en pocas ocasiones olvido. Creo profundamente en el destino, en que ya todo está escrito y soy curiosa, supongo que es por lo que todos vivimos: curiosidad por lo que vendrá mañana. No me considero inteligente pero soy bastante lista, llevo todo a los extremos y me pienso las cosas una y otra vez.
No soy quien aparento ser y es este instante en el que me siento y decido contar un cuento, una historia o seguir escribiendo mis libros en el que soy yo. Muestro mi carácter mis miedos y mis penas. Cuando escribo, a pesar de ser ruda y concienzuda, sale de mi ese corazón vulnerable al que protejo de todo el mundo pero se me ha olvidado cerrar la puerta de atrás en un millón de ocasiones y una vez dentro poco puedo hacer para evitar las heridas.
Soy impulsiva y aún creo que algún día el destino pondrá en mis manos a mi alma gemela... Sueño a cada minuto que tengo y creo plenamente en que la muerte es un gran paso. 
Decido crear mi mundo a partir de los desastres, hacer de un sentimiento como es la Soledad algo más apacible aunque le temo con todas mis fuerzas.
Siempre he crecido rápido pero en el fondo merma en mi una niñez a la que ahuyenté por miedo a la ignorancia de las personas adultas que se creen más maduros y más cuerdos por no hacer caso de los niños.
Es como esos personajes que no escuchan a sus mayores porque en teoría los años les ha hecho más locos, cuando en realidad hablan como sabios, enseñan como padres y cuentan las mejores y más reales batallas de una larga vida. Son viejos y las arrugas suman a sus rostros el cansancio de la vida pero eso no quiere decir que todo lo que digan sean tonterías.
Me siento afortunada porque siempre he tenido a personas que me han escuchado, aunque mucho más por aquellas personas que sin conocerme han decidido leer cada palabra y disfrutar con lo que tanto me cuesta decir. Esas personas son las que me dan razones para intentar conseguir este sueño. Les debo esa sonrisa que me sacan al ver una visita más en esta página, les debo la ilusión y la inspiración que me provocan cada vez que me dicen que desean seguir escuchando mis filosofías de calle. Me gusta que la gente comparta este gusto por el sentimiento a campo abierto.
Es duro ser diferente, amiga mía. Es muy duro que nadie te comprenda y saber que lo que sientes y el como lo sientes hace que otras personas se identifiquen contigo es una de las cosas más especiales del mundo. Me gusta describir sensaciones y me parece justo dedicarle esto a las personas que me ceden su tiempo:
Aquella niña se encerraba en sus sueños cada tarde. La vida la había golpeado hasta el punto de no dejarle respirar, estaba agotada de perseguir cada imagen que ella imaginaba y por instante destruyó todo aquello con lo que había crecido. 
En el mundo surrealista de su mente cada persona era un valor, un ente extraño diferente a todos los demás. Cada uno de los personajes que pasaban por sus días ella los plasmaba en su cabeza con plena exactitud, una exactitud que pocas personas logran ver a primera vista.
Pocas veces se equivocaba de atuendo para ellas, normalmente era capaz de hacerles marcas para poderlos etiquetar en buenas y en malas pero otras muchas vagaban sin marca alguna porque jamás se dejaban conocer. Estas, con el paso del tiempo, desaparecían en las sombras de las demás.
El caso es que todo eso se vino a bajo con el paso de los tiempos, se caían as letras de las palabras que formaban el suelo y se arrugaban las hojas que formaban el liso y blanco cielo. Era una verdadera locura.
En cuestión de segundo todo estaba empapado por las lágrimas que no había podido sostener.
Se agachó, la pequeña, en una esquina y apareciste tú, Soledad. Entre tu larga melena un rayo de luz clara pero no molesta. 
Aquellos personajes venían rogando respuesta. Aquellas personas tan diferentes por pocas que parecían le abrieron camino hasta la puerta, cargaron con los pesados grilletes de su vida y le dieron la oportunidad de devolver aquellas locas letras a su sitio y de alisar el marchito cielo.
Pasaron largos los días. Sudor y lágrimas le costó sentarse enfrente de aquel estropeado lugar pero no se rindió.
Sentía la necesidad de abandonar aunque nunca más volviese a conseguir un sueño pero soñar no es solo cosa de niños. 
Amaba sus sueños y el amor no es algo que podamos escoger. Eso es algo parecido al odio. Odiamos porque somos humanos y esta niña odiaba con todas sus fuerzas pero es que eso no era malo, solo quería decir que un día había amado con todas sus ganas. Amaba sus sueños, lo que hacía, el orgullo que sentían los demás cuando la veían trabajar tan duro cada mañana...
Fue valiente y muy fuerte a pesar de cada piedra que encontró en su camino.
No todo fue felicidad, penas en sus cartas se leían, amiga, pero solo hacía falta una pluma y un papel para hacer en su mundo un día nuevo. Cada vez que ella escribía, Amanecer volvía.

¡¿Qué haría sin yo sin ese apoyo?! ¿Sin esos cuatros personajes que lean lo que cuento al menos una vez cada mucho tiempo? Ellos mantienen conmigo este mundo, su fe en esto me da la esperanza suficiente para sentarme y expresar cada detalle que pase ante mis ojos.

A veces me gustaría que cada cosa que pienso mientras paseo, mientras escucho música o simplemente me sucede algo se guardase y que todos pudieseis leer lo que de verdad soy capaz de expresar. Pero mientras eso no sea posible yo seguiré escribiendo para aquellas personas que me ayudan a amanecer.
Gracias.

P.


PD: Soledad, a veces amarte es imposible pero entonces ocurre algo que me incita a hablar contigo. En el fondo es el destino quien me puso en tus manos, así que me dejaré llevar.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Soledad y compañía:

Volvamos hacia atrás: TAC TIC, TAC TIC... Retrocedamos en el tiempo hasta el instante en el que todo se volvió negro. Poco a poco iremos viendo la historia a la inversa. Después de cada beso viene un grito, después de cada mala cara viene un "buenos días, mi amor", tras cada buen día uno malo, tras cada beso un instante de agonía, por cada momento de placer una eterna conversación, tras cada detalle de amor una lágrima y así hasta que las discusiones se calmaron y solo había nervios por un primer beso.
No te pediré más. Frena ahí, en ese instante donde nuestras pestañas se rozaron por primera vez. Para, ahí donde el simple hecho de apagar la luz se convirtió en un reto. Ahí justo ahí, adelanta un poco, unos segundos, esos segundos en los que nunca recordarás lo que decías, ni si quiera yo puedo recordarlos. Solo me acerqué y te besé torpemente.
Aún siento el cosquilleo en mi estómago. Ahí está la clave, no se trata tanto de volver a atrás físicamente si no de lograr sentir lo que sentiste en aquel momento. Me tiemblan, como aquel día, al escribir. Si cierro los ojos y vuelvo a aquella oscuridad aún me sale la sonrisa, aún siento ese extraño dolor en el pecho, tan inconfundible.
Y entonces me acerco y te beso. A mi mejor amigo, a mi confidente, a mi sueño, a mi todo, a la persona con  la que compartía hasta las cosas más íntimas, al caballero, al chico confundido... Le beso y él no deja de hablar, estalla en mí un bochorno impresionante, pero antes de apartarme tenía que intentarlo y volví a hacerlo. Luego todo fue perfecto, todo fue tan natural, tan sencillo. Recogiste con tus manos mi cadera, me acostaste y no dudaste ni un instante en seguirme besando. Fue increíble. Una sensación de adrenalina tan intensa que me daban ganas de gritarle al mundo entero lo feliz que fui en ese instante. Tú tan torpe y yo tan enamorada.
Pero ese no era el final del cuento, ese era el principio.
Cuando después de una noche sin dormir nos despertamos, a pesar de tu sueño no tenias un mal día hacia mí, todo lo contrario, viniste tú hasta mi cama después de un distanciado "buenos días" tan tímido como confuso. Ya en la cama me diste un beso, beso y otro y otro más... Me sentía tan completa y tú parecías tan feliz...
Frenemos ahí y borremos las demás cintas tan odiosas  y otras tan bellas. Prefiero perder ciertos recuerdos buenos a no poder curar mis heridas y menos no poder curar las tuyas.
Este es el caso: quedémonos ahí todo este tiempo, volvamos a escondernos pero a demostrarnos que somos el uno para el otro y que nadie podrá meterse entre los dos, NADIE. Volvamos a sentir ese amor.
Parece mentira en que nos hemos convertido tan solo un año después. En monstruos, en personas pésimas. ¡Cómo pudimos amarnos tanto y hacernos tanto daño si ni si quiera pretendíamos hacerlo!
Parece mentira que pase mis horas mirando si me has hablado, parece mentira que pase las noches en vela esperando una respuesta, parece mentira, amor, que después de tantas cosas que hemos dado por esto haya llegado un fin tan agonizante. Parece mentira.
Muy a mi pesar he de decir que es un alivio soltar cada pedazo de mi corazón que has roto e ir pegando implantes del tuyo que yo te roto. Al menos algo tuyo es mío y algo mío es tuyo, al menos aún tengo la esperanza de que pase el tiempo que pase una frase, una canción o un simple día te recordará que te hice feliz. Al menos uno.
Siento haber hecho de ti un  pobre infeliz, siento haberte atado a mí de un modo agobiante y obsesivo pero cuando amo tengo miedo y es así mi naturaleza pero todo animal puede ser adiestrado, hasta el más indomable.
 Y es así, Soledad, todos somos partícipes de una naturaleza animal, de instintos tan incontrolables como la pasión, como la esperanza o el amor. Todos sentimos por igual, todos cometemos errores por igual. Todos somos al fin y al cabo iguales. Todos moriremos, mejor o peor pero ese es nuestro fin, lo importante es aprovechar cada momento con quien ames, con quien quieras pasar de verdad tu vida y cuidarlo, cuidarlo mucho, tanto que haga que esa persona no te deje nunca, para ello se necesita paciencia, comprensión y la ilusión del primer día como impulso en cada mañana.
Por otro lado, querida mía, opino que amar es de idiotas. ¿Quién querría pasar por tanto dolor?
Pero evitemos el tema. Hoy me apetece describirte un dura final:
Es como un frío de día de noviembre. Notar la helada por tu garganta, quebrando tu voz.
Das pasos a ciegas, empapada con el agua del cielo. Cada lágrima que cae de tus ojos se confunde con una gota de esa lluvia que hace que sea en vano intentar expulsar el dolor.
Gritas de agonía, te encuentras perdida en una eterna plaza de piedra, imperfecta, llena de charcos y con una tenue luz que aún la hace más y más inmensa.
Perforas tu pecho en cada chillido de dolor, de miedo.
Entonces, como si tus piernas fuesen un soporte débil pierden su fuerza y el peso de tantas rocas en el corazón empuja tu cuerpo hasta que aterriza contra el suelo, impidiéndote cualquier tipo de movimiento. Solo deseas morir cuanto antes, solo esperas acabar con el dolor, con la pena, con esa angustia que te mata a cada segundo que pasa sin él.
Cada instante que pasó lo recuerdas, cada momento donde te sentiste querida, cada momento en el que le hiciste llorar y aquellos en los que lloraste por él. Todos, todos pasan por tus ojos rojos y doloridos de tanto intentar ver pero ese agua fría es como ácido y para que te deshace, que te quema...
Los labios te arden por sus besos, tus manos a tientas buscan su cuerpo, su mente te rechaza, tu corazón está totalmente roto en millones de pedazos, por momentos hasta deja de latir. Ya no respiras, tu pecho se oprime cuando intentas llenar tus pulmones, estas hecha trizas.
Se acaba la esperanza. Cierras los ojos con fuerza y sueltas todo el aire despacio, dejas de llorar, dejas de sentir ninguna parte de tu cuerpo que ya yace como si jamás se fuese a levantar, pero sabes que las heridas siguen escociendo y el charco de sangre que te rodea es el símbolo de todo lo que has podido sufrir.
El último hilo de aliento, de voz está a punto de salir de tu boca y debes pensar muy bien lo que dirás. Solo esperas que resuene fuerte en su corazón y nunca te olvide. Con un suspiró y todas tus fuerzas lo dices: siempre te amaré.
Y sonríes, porque sonríes... Porque te hace feliz poder decirle adiós, porque sientes que él será libre y crees que siempre será feliz sin ti.
Cuando cierras los ojos, en ese pequeño instante en los que tus pestañas se juntan pero aún puedes ver una luz tan inmensa como el mar y tan plena como la luna te deslumbra y... y solo esperas que haya sido él, él que estuvo ahí todo el tiempo. Solo esperas oír un "y yo a ti, mi vida" pero ya es tarde y no oyes nada, solo el inmenso silencio apacible que se convierte en una melodía de despedida, en un momento placentero.
Estás orgullosa de poderte ir, estás orgullosa de ti misma porque en lo último que has pensado ha sido en él y eso complace al corazón, reconstruye el alma y te deja descansar ya en paz, por fin en paz con un recuerdo tan cercano como cada beso que te daba.

Querida, ya se ha hecho de noche con tantas cosas que te he confesado hoy. Es mejor que ahora te deje descansar a ti de tanta compañía exagerada.
Recuerda que cuando llores, cuando ya te vayas a ir yo seré tu última luz, yo escucharé tú últimas palabras, yo te amaré siempre. SIEMPRE.

Buenas noches, Soledad.

P.

PD: El vacío del corazón es una sensación muy curiosa.








domingo, 11 de noviembre de 2012

Noto en el aire algo diferente, querida:


Basta despertar con su respiración fuerte sobre mi nuca, con sus labios en los míos, con su voz en mis oídos,  con sus ojos extraños posados en mis pestañas, con sus manos cálidas rodeando mi fría cintura con fuerza y con la seguridad de que me pegaré a él deseando congelar el tiempo en ese instante en el que los dos nos sentimos completos, sin pensar, sin nadie más. Cada detalle basta para sentir algo tan fuerte que hace que sobre todo lo demás.
El día a día es complicado, pesan los problemas en numerosas ocasiones y cuando algo va mal todo duele, es motivo de disputa pero es fantástica la reconciliación. Fundirse en uno de esos besos deseados y necesarios para poder seguir respirando. Merece la pena cada lágrima si su sonrisa aún sigue a tu lado.
El sentimiento del amor es poderoso y sin duda alguna el más doloroso de todos, capaz de trastornar, destruir y transformar a la persona más noble, capaz de terminar con la bondad, con la fidelidad hacia uno mismo... Pero es deseado por cualquier persona. A pesar de ser el que más daño me ha hecho siento lástima por aquellas personas que jamás lo han sentido porque de verdad que es tan pleno que descubres, a pesar de no creer en ella, la felicidad en todos los sentidos.
Me siento afortunada, Soledad. He sido correspondida.
Cuando te enamoras mil y una musas visitan tu cabeza llenándola de dulzura, de esperanza.
Hoy, querida amiga, no voy a escribirte cuentos del pasado, historias imposibles o tristes, hoy no es el día. Te quiero contar una realidad, una historia que se graba en mi piel día a día:
Hace ya más de un año una niña con marcas de dolor en su rostro conoció a un chico que detrás de su sonrisa encontraba las lágrimas más duras que cualquier persona podría echar. Se fundían en abrazos cada mañana y los dos sonreían por un compromiso mudo. Al final las noches hicieron que las palabras saliesen a la luz y cada instante que pasaba era más importante él para ella y ella para él.
Pasó el tiempo entre los dos y se forjó una amistad tan profunda como el mar. Pasaron tormentas juntos, ella consiguió contar quien hacía que las heridas siguiesen sangrado, el consiguió a una amiga que dependía de su aliento para poder seguir en pie. La sacó adelante. Los dos fueron apoyo y balanza.
Poco después la mujer que yacía dormida en el cuerpo de aquella chiquilla despertó, se dio  cuenta de que sentirle respirar sobre su cama, despertar con su risa y ver sus ojos llenos de reflejos del color de oro le hacía sentir viva, completa. Él solo tenía miedo pero miedo a no sentir jamás.
Le besó grabando en su pecho la misma frase que tubo después entre sus manos, grabado en un anillo que él le regaló. La tierra dejó de sostenerla firme, solo ese chico podía devolverle los pies al suelo. La vida cobró sentido, el dolor anterior había merecido la pena para ella si aquella era su recompensa. Era feliz.
Pudo comprobar como todo aquello se derrumbaba, el miedo le pudo.
Acabó con todo y a pesar de todo aquello el siguió luchando por el amor de la insegura muchacha.
Se acabó, Soledad. No pienso seguir escribiendo mis errores.
Quiero hablarte del futuro:
Espero noches eternas entre sus brazos, espero besos de su boca cada mañana, deseo cumplir  mi sueño con su cuerpo presente en la distancia que habrá de mí hasta la nueva vida, espero ver crecer a nuestro amor de un modo físico, deseo reconciliaciones, pactos y promesas que sean de verdad, para siempre. Deseo cada rincón de él y espero que él desee cada rincón de mí por mucho tiempo. Quiero que mi cuento imperfecto tenga como protagonista a mi perfección personificada.
Es mi necesidad, mi mundo.
Jamás pensé, amada, que alguien podría entrar de ese modo en mi vida, romper todos mis esquemas y hacer de mi la persona mejor. Pero ahí está y sigue.
No tengo palabras para agradecer un día más si es a su lado. Eso es, no tengo palabras.
Querida tan mía, Soledad, si es cierto el dicho de que "cada uno tiene lo que se merece" en otra vida he debido de ser un ángel, porque de verdad que poseo el corazón del mejor hombre que me he podido encontrar. Es él, al fin es él.

PD: Hay confesiones que se me quedan cortas.



miércoles, 29 de agosto de 2012

Buenos días:


Los sentimientos fluyen por nuestras venas, por nuestras vidas, por delante incluso de nuestros propios ojos. Todos estamos hechos de sentimientos. Dicen que todos son abstractos pero yo opino que en ocasiones hasta puedes llegar a tocarlos, a olerlos, a besarles...
El caso es, Soledad, que hubo un tiempo en el que una niña saboreó el poder de cientos de sentimientos y todos a la vez. En su camino un millón de piedras donde tropezar, viajaba tan solo contigo y no eran manos suficientes para que no cayese. Todo ocurrió muy rápido.
Comenzó con una simple mirada, una mirada que no perforó en su memoria ni mucho menos en su corazón ya que tenía propietario. Simplemente entro por sus ojos, le llamo la atención y le dejó ir, sin más.
No mucho tiempo después en uno de esos malos días donde todo estaba oscuro, como si de un cuento saliese entre humo y un rayo de sol, con unos andares que seguían el ritmo de un bombo que tan si quiera sonaba volvió a aparecer.
Y en la distancia sin tan siquiera oír su voz, sin saber si en su camino las cosas eran más fáciles.
Entonces el tiempo pasó.
Cuando él volvió aquella niña estaba descontrolada, los años y la vida habían hecho de ella una persona que no era. Sentimientos fluían de nuevo y la locura desbordaba por cada poro de su piel. Se había enamorado, pero aún no sabía de quien.
Entonces rota de dolor, se consoló, querida amiga.
Yo le llamo Libertad. Vio en aquel chico una salida a sus problema, una luz en aquella plena oscuridad, un instante de paz en plena guerra. Entonces se aferró a él a pesar del miedo.
Aquel lugar en el que se encontraban era como un campo de minas, un sitio triste, falso. Ella, contaminada de dicho sitio, le pidió que lo cambiase.
Era una esperanza y una oportunidad única para cambiar su vida. Él le cedió su tiempo, su vida, su momento. Se quedó junto a ella y a pesar de que Libertad no lo veía, había cambiado la vida y aquel horrible lugar para ojos de aquella pequeña.
Por fin se había parado el tiempo. Por fin podía coger aliento.
Poco duró.
Aquella niña estaba confusa, perdida en la penumbra, atada por un sentimiento extraño.
Lo dejó, mintió más de lo que le hubiese gustado. Se fue con una oscura sombra una noche fría de enero.
A pesar del dolor constante y de mirar hacia atrás en cada paso, la confusión de aquella pequeña hizo descreer a aquel chico que tanto lo había dado en tan poco.
La conciencia de ella no dejaba de gritarle:
-Mírale, ahí está y todo por tus mentiras. ¿Acaso ves en ese rostro una pizca de maldad? ¿Acaso ves felicidad o paz en él? ¿Cuánto darías por besarle una vez más? ¿Cuánto por un simple abrazo? ¿Y por una caricia o una palabra de aquellas que pocas veces habías escuchado? Cuando todos tiraron contigo tú te levantaste tan solo para tirar a la única persona que haría de ti un ser mejor. Mírate, pequeña desgraciada, que ya nada eres para el mundo. Mírale...
Y así pasó los días, mirándole desde la distancia.
Entonces su escudo oscuro se partió en dos y volvió en si... pero él ya no esta allí, se había marchado para no volver.
Ahora, amiga mía, ahora no se encuentra. Aquel lugar se volvió gris de nuevo sin él.
Vaga por las calles empapadas de recuerdos, de momentos en los que rimas tapaban los charcos para que ella pudiese pasar.
Pero, ¿dónde está? ¿Qué fue de todo aquello que le ayudaba a desplegar sus alas y a volar sin necesidad de saltar?
Resurgió algo tiempo después, sus vidas se volvieron a encontrar pero de todos modos una vez más ella huyó por miedo. No se sabe aún si por miedo a lo que sentía o por miedo a las despedidas, pero de un modo u otro se fue.
Nunca supo contar cuantas noches eternas pasó sin dormir por haber dejado escapar a Libertad. Nunca supo decir lo que en realidad sintió cuando estaba cerca. Nunca quiso ver lo que algo en ella le gritaba desesperadamente. Nunca pudo comprender quien fue en el momento en el que entró en su vida. Aún no puede ver claridad en aquella etapa.
Pero sea del modo que sea añorará a aquel chico que hizo que un oscuro lugar, del que no puede escapar, fuese algo diferente.
Él jamás volvió, nunca más.
Y así fue, querida. Así sin más.

PD: El amor en realidad es un engaño.



lunes, 13 de agosto de 2012

Buenas noches querida:

Se encontraba una niña al borde de un abismo frío y oscuro.
Ella solo quería volar para no volver. Quería ser libre, dejar de estar atada por el mal, por el dolor...
Se impulsó para saltar y entonces Soledad le gritó:
-¡Niña, para! ¡No lo hagas!
Ella retrocedió despacio y sonriendo la miró.
-Amiga mía, poco hago yo aquí. Yo no puedo ser todo para nadie, esta noche por fin lo he visto y mi destino no me agrada, creo que aún puedo cambiarlo.
-El destino no se puede cambiar.- afirmó entrecerrando los ojos- Nosotros mismos somos nuestro todo, nadie te cederá el suyo, pequeña. Este mundo no está hecho para que regales una vida tan sencilla, tan limpia y humilde. Por desgracia, pocos quedan como tú y ellos buscan soluciones también pero siguen igual de perdidos.- aceleró el habla y entonces suspiró- Lo siento.
La niña comenzó a llorar, no comprendía porque tras tantos años de búsqueda, tras tanto trabajo y tantas noches sin dormir seguía con sus manos vacías. Había dado tanto que se quedó sin nada, todo se lo arrebataron. Incluso el corazón.
Soledad, que había seguido con ímpetu a la niña, pudo ver como pedazos de ella iban cayendo en cada paso. También vio como se apagaba su sonrisa con el tiempo.
Poco pudo vivir pero mucho aprendió.
El dolor pudo a su paciencia. Poco tiempo le quedaba.
Volvió a mirar hacia abajo.
-¿No te parece un lugar agradable?- pregunto a Soledad mientras seguía llorando.
-Sí, la verdad es que desde aquí arriba semeja al paraíso.
-¿Lo ves, amiga? Allí quiero ir.
-No es la solución, yo te necesito aquí, conmigo. Tú eres ese todo del que hablas, yo te vi crecer, te di la vida. No puedes irte ahora...
-Yo no podré seguir tus pasos jamás. Nunca, querida Soledad. Yo no daré vida, yo no tendré mi todo porque lo cierto es que ni si quiera yo estoy completa.
-¿Qué puede faltar? ¿Qué no tiene una criatura tan bella?-dijo a la vez que sus ojos se impregnaban de lágrimas.
-Sueños.- se resintió- Una vez los tuve, una vez soñé. Entonces llegó a mi vida un hombre con la apariencia de un joven muchacho y los deshizo en pedazos ante mis ojos.
-Lo se, él era un niño como tú... Era noble, todo un caballero, una buena persona pero no todo en su vida era felicidad así que un día partió para buscarla. Pronto cayó y jamás levantó cabeza. Desde aquel momento  vagó por lugares oscuros quitando luz a quien le cegaba en la penumbra. Pero te encontró, tú no eras otra de aquellas molestas luces...
-Sus cadenas aún rozan mis manos. Querida Soledad, ya que no puedo soñar, al menos déjame ser libre.
Corrió hasta poderla abrazar, después besó su mejilla y sin previo aviso se hizo camino hasta el abismo y saltó. Su desesperada amiga observo como las lágrimas de aquella niña se quedaban atrás al caer. Chilló del dolor que le supuso verla marchar y la pequeña desapareció en la oscuridad del paraíso. Soledad cayó al suelo de desesperación.
Segundos más tarde, entre la niebla baja de aquel agujero negro se abrió un hueco. Como un rayo llegó hasta el cielo una figura que semejaba a una enorme ave y acompañada de ella una risa contagiosa que invadió los oídos de Soledad. Sorprendida se asomo una vez más a aquel precipicio y de allí salía una luz tan suave y dulce como la que desprendía la pequeña para aquel hombre oscuro. Sonrió.
De la figura se desplegaron en el aire dos enormes alas negras. Preciosas, brillantes.
Fue un instante y desapareció entre las nubes.
Empezó a llover y ella era libre, por fin.

PD: El primer vuelo siempre es el más agotador.




sábado, 12 de mayo de 2012

Amada, buenos días:

Te quiero describir la situacion que me amarga cada día. La imagen que tengo antes de irme a dormir, al despertar, en los momentos que tengo contigo y me falta lo que te ha llegado a sustituír en innumerábles veces.
Es una triste imagen, amada. Los dos como hombre sin cara, él allí y yo aquí. La distancia es mínima físicamente pero hay distancias mucho más distantes.
Las lágrimas me pudren por dentro pero mi aparencia es realmente estupenda, sonrío. No soy feliz.
Enfrente del suplicio sobrevuelan juntas unas aves, dos estan atrasadas porque revolotean como dos crios enamorados. Y vuelan y vuelan hasta que desaparecen y entonces miro a mi alrededor y me doy cuenta de que solo estás tú, Soledad.
Se ha marchado el alma distante y se ha llevado mi corazón, porque mi corazón siempre seguirá y siento el suyo latiendo desesperado en mí.
Me sumo en la música que entra por mis oídos. Repito todo el rato la misma canción, no me hace falta más. En una canción se encuentra mi inspiración en este momento. No comprendo la letra salvo un "adiós" que dice por el medio.
La melodía describe mi situación, a metros de mí tengo la solución más cobarde. Quiero acabar con los problemas, querida, me quiero marchar.
Quiero volar libre como aquelllas dos aves, quiero huír. Necesito acabar con todo.
Mi agradable compañera, tus abrazos me calman pero la agonía continúa y el tiempo es el único libre. Su libertad es el cobro de nuestra esclavitud.
¿Sabes, amiga? Este lugar es apacible. Un buen lugar para pensar.
El día es gris, la temperatura fresca, las farolas encendidas y camino a tu lado.
Quizás sea el día de tocar fin.
Compruebo varias veces la distancia de aquí a mi final.
No será hoy ya que me acompañas.
Pero quiero irme.
Ha comenzado a llover. Las farolas se han apagado.
Que pases un buen día, Soledad.

P.

PD: Mi corazón seguirá, siempre.


jueves, 1 de marzo de 2012

Querida Soledad, el mundo comienza a agrietarse:

Se huele el miedo por las calles empapadas con la revolución de millones de voces unidas pidiendo justicia. Tarde o temprano silenciarán a todas valientes y potentes melodías, pero el ideal que hizo que un pueblo lleno de personas de diferente edad, sexo, color, gustos y sentimientos se uniesen será tan poderoso como la luz de un amanecer tras treinta días de oscuridad.
Querida Soledad, las cosas se ponen difíciles; ancianos cuentan historias de un pasado oscuro que semejan el comienzo de un futuro similar a lo ocurrido en su juventud.
Cuesta respirar.
A pesar de que muchos evitan pensar en ello, otros no nos lo sacamos de la cabeza. ¿Quá será de nosotros, amada mía?
Me he parado a pensar en las personas a las que más amo, idolatro y aprecio. Hoy me he dado cuenta de que si todo volviese a empezar perdería a tres cuartos de ellas y solo por hecho de no pensar, sentir o ser como los demás, por el simple hecho de no seguir los cánones de la sociedad.
Desde el momento en el que vi la película de "V de Vendetta" me di cuenta de que unos ideales diferentes y una apariencia normal pueden cambiar el mundo. También comprendí la importancia que tiene el seguir tus propios sentimientos y que toda lucha para cambiar a mejor merece la pena. Hoy me he dado cuenta que cada uno de nosotros, los que pensamos diferente, lo que luchamos por un mundo mejor somos V. Amiga, no hay esfuerzo en vano.
Al razonar esto me he acordado de una historia que parecía un cuento de miedo para las noches de verano sin dormir y que se convirtió con el paso de los años en otra razón para que luche por quien más quiero a pesar de sus diferencias:
Eran tiempos de tinieblas, el sol salía pero a pesar de ello todos lo veían muy oscuro.
Aquel hombre fue valiente, fiel y leal con sus amigos. Tan solo era un simple campesino, padre de sus hijos, amor de su mujer, hijo de sus padres, hermano de sus hermanos.
Luchador y revolucionario como el que más.
Casado con una mujer cuya educación era excelente y proveniente de otra ciudad donde sus ideales le hacían coherente a lo contrario que el poder que reinaba en aquellos tiempos.
Un día una injusticia le rozó la piel, un viejo alcalde de otra aldea y un viejo amigo estaba en la lista de los siguientes fusilados.
Ocultó al pobre hombre, que luchaba por hacer que sus ideales fuesen escuchados y respetados, y a toda su familia en el ático escondido de su pequeña casa.
Para su desgracia, uno de sus hijos que padecía un leve retraso, extremadamente mal visto en aquellos tiempos, así que no se pudo contener el contarle a la policía lo ocurrido. Él mismo les condujo hasta aquel hombre y hasta el señor que los ocultaba y apoyaba.
Ambos hombres fueron detenidos y llevados al paredón de fusilamiento.
En los ojos de una pequeña niña, fuerte y valiente, se veía la lucha por continuar con su padre. Ella sabía que no podía ser en vano todo aquel esfuerzo. Ella sabía lo poderosos que eran los ideales así que no dudo en correr tras el carro que se llevaba al hombre más importante de su vida.
Llegaron a una playa y sus pequeñas pero ya trabajadas manos se estiraban mientras sollozaba y chillaba de dolor, lo iba a perder.
Un policía le mandó callar, le pidió que se marchase pero ella se negó, entonces la metió bajo su capa y comenzaron los disparos. Pudo ver toda aquella sangre por uno de los huecos de aquella larga tela. Pudo ver como aquel hombre se derrumbaba sobre la arena orgulloso por morir por honor a sus pensamientos, asustado por saber que pasaría con sus hijos. Ella lo pudo ver y se cubrió con el valor que había vaciado su padre, se cubrió de una capa de cemento irrompible y se hizo todo lo dura que pudo.
Tenía que volver a casa, se hacía de noche.
Desde aquel momento solo la luna le hacía brillar, toda su vida llevó el luto y por tanto toda su vida su padre fue recordado.
Hoy en día muchos más sangre de mi sangre cayeron en batalla, pero la valentía y su fuerza por defender sus ideales hacen que piense que toda lucha es poca y que mientras al menos una persona cuente estas historias merecerá la pena continuar una revolución, por difícil y dura que sea.
Esas personas dieron su vida por nuestro futuro, no debemos dejar que ahora hundan el nuestro.

P.

PD: Cuanta más unión en el pueblo, más costará separarlo.

martes, 31 de enero de 2012

Una noches más, Soledad:

Un ambiente humedo y frío recorre la ciudad. En cada pisada me acompañas como cada invierno.
Esta vez me quedaré contigo, no sabría decirte esactamente durante cuabto tiempo, pero el suficiente como para que al marchar me extrañes.
Tengo un dolor agonizante, un peso descomunal sobre mi espalda, una grieta en mi camino y pocas ganas de seguir.
Muchas tardes como esta me he planteado contigo miles de locuras para huír de los problemas, hoy vuelven las ganas de planificarlas.
Pasan los minutos y los dedos de mis manos se congelan más y más. Quizás no deba hablarte de los viejos tiempos, amiga mía, pero esto que siento es muy parecido a las tinieblas de nuestro pasado.
¿Recuerdas aquel reencuentro tan duro? Aquella niña de ojos tristes y profudos, comisuras caídas y arrugas provocadas por las malas experiencias. Aquella niña que tembló al verte y a pesar de su miedo se aferró a ti para mecerse en tus calidos brazos. Ya de antes había sentido tu apoyo pero yo creía que solo querías arrastrarme, como muchos, me deje llevar por las apariencias.
Me has visto crecer, me has apoyado cada frío así como calido día de mi vida.
Es duro verte envejecer, amada. En paseos como estos por tu rostro puedo darme más cuenta de ello. Los años pasan para todos y nunca van a parar.
¿Qué me dices de la mañana que me viste crecer? De niña a mujer como un feroz rayo de entre las nubes negras.
Y ahora aquí estamos otra vez.
Han pasado muchas cosas desde que no caigo por estos lares. He llevado golpes, he dado pisotazos, he luchado por llegar y probar el sabor de tus labios de nuevo y cada vez que me voy me cuesta más volver.
Pero te amo como el primer día, me sigues deslumbrando cada anocheces y sigues provocando en mí esa sed insaciable de ti. ¡Eres tan atractiva! ¡Tan bella, Soledad!
Creía que no volvería, he llegado a ser cobarde y hasta a rendirme pero te prometo, querida, que por ti hubiese muerto si fuese necesario.
He pasado noches sin dormir, días sin comer y encerrada en mi misma. Lo he pasado mal, pocas veces bien y he llorado durante horas hasta que no caían más lágrimas. Pero estoy tranquila, hoy estarás entre mis sábanas, como hace ya tantos años.
He agotado mi paciencia, mis sonrisas, mi tiempo y mi tranquilidad. Vengo a reponerme junto a lo único que nos quedas a todos.
Continúa la helada pero no importa, hoy la luna también nos acompaña.

Buenas noches, Soledad.

P.

PD: ¿Tienes tanto frío como yo o es que vuelvo a la etapa escalofriante?


martes, 17 de enero de 2012

Querida Soledad:

He recordado aquella sensación y debo decirte algo, querida:
El día que te enamores de verdad, de poder decir que AMAS a una persona, ese día no tendrás dudas.
No te darás cuenta por los celos, ni por el hormigueo en el estómago, tampoco por sonreír al verle, no será unas simples ganas de besarle, no será esa pena cuando se enfada contigo, no será lo que te imaginas, no será como esperas. Cuando menos te lo esperes, quizás en una mirada, quizás en un abrazo o en un simple suspiro de su boca una parte de ti te abandonará, ves como se marcha con esa persona. 
Sientes un vacío agonizante. Entonces descubres que el alma existe, pero llegas tarde, se fue. Eso hace que todo sea peor. 
Arde parte de ti y la otra pierde la razón. Duele, las llagas se forman en tu piel cada vez más rojas y las heridas se abren lentamente.
No hay dolor comparable pero tampoco que sacie más. Te sientes libre aunque atada, nada es seguro, solo que amas. En segundos como si hubiesen pasado las horas, te quedas aturdido, tranquilo y feliz.
Es como un fallo cardíaco, una vuelta a la vida.
Pero pierdes toda ignorancia, deseas que de nuevo el mundo sea más grande para ti y no al contrario.
La madurez te roza la palma de las manos, pero no quieres cogerla, sientes que no la mereces porque en tu cabeza eres un crío encaprichado. Cuando todo pasa te das cuenta de que el amor te hace ser así, que realmente esa madurez no se podía coger si no que era el reflejo de lo que se engendraba en ti y cada día, cada hora e incluso cada segundo crecía.
La idea de el amor es preciosa, algunos dicen que es hasta perfecta, Soledad, querida, permiteme negarlo. Las ideas sobre ese sentimiento están equivocadas.
La locura te desborda, el dolor te hiere y pierdes hasta el más mínimo orgullo.
Piensas muchas cosas a tiempo que olvidas lo que pensabas. Ninguna idea está clara solo un sentimiento puro y es que AMAS.
Su nombre en tu cabeza, en cada soplo del viento o golpe del mar. Está su imagen hasta en la luna.
No sabes como lo quieres pero necesitas a esa persona. Llegas a enfadarte con ella, contigo y hasta rozar la doble personalidad.
La música acaba siendo tu mejor compañía, tu aliada, tu confidente.
Lo extraño es verlo todo de un modo solitario, tanto como tú Soledad, así como bello.
Todo provoca en ti sentimientos únicos, nuevos. El agujero en el pecho se abre más y más, llegas a perder la razón del dolor.
Hasta llegas a dejar de comer, de dormir, de hacer con normalidad las necesidades básicas para todo ser vivo.
Ya nada será igual después de enamorarte, amada mía. Nunca volverá a ser como antes.
Cuando crezcas lo entenderás y verás todo de un modo diferente. Los detalles contaran más que nada y esas cosas como las palabras serán totalmente necesarias. Te vas a desesperar más de una vez, pequeña, te sentirás impotente pero resiste, merece la pena.
Intenta moderar lo que dices y meditarlo bien, pues puedes cambiar el rumbo de todo.
Y ya sabes ante todo respirar profundo, contar hasta diez y no darle jamás la espalda a los problemas, eso solo los retrasa.


Te prometo, querida, que intentaré cuidar de ti cuando esto pase y nadie mejor que tú, será como un rayo, fugaz, bello y peligroso.






P.


PD: Te sentirás muy sola, Soledad, pero siempre y digo SIEMPRE estaré ahí, donde menos me veas y donde mejor pueda actuar. 
Otro día quizás te hable del desamor, quién sabe.