Un ambiente humedo y frío recorre la ciudad. En cada pisada me acompañas como cada invierno.
Esta vez me quedaré contigo, no sabría decirte esactamente durante cuabto tiempo, pero el suficiente como para que al marchar me extrañes.
Tengo un dolor agonizante, un peso descomunal sobre mi espalda, una grieta en mi camino y pocas ganas de seguir.
Muchas tardes como esta me he planteado contigo miles de locuras para huír de los problemas, hoy vuelven las ganas de planificarlas.
Pasan los minutos y los dedos de mis manos se congelan más y más. Quizás no deba hablarte de los viejos tiempos, amiga mía, pero esto que siento es muy parecido a las tinieblas de nuestro pasado.
¿Recuerdas aquel reencuentro tan duro? Aquella niña de ojos tristes y profudos, comisuras caídas y arrugas provocadas por las malas experiencias. Aquella niña que tembló al verte y a pesar de su miedo se aferró a ti para mecerse en tus calidos brazos. Ya de antes había sentido tu apoyo pero yo creía que solo querías arrastrarme, como muchos, me deje llevar por las apariencias.
Me has visto crecer, me has apoyado cada frío así como calido día de mi vida.
Es duro verte envejecer, amada. En paseos como estos por tu rostro puedo darme más cuenta de ello. Los años pasan para todos y nunca van a parar.
¿Qué me dices de la mañana que me viste crecer? De niña a mujer como un feroz rayo de entre las nubes negras.
Y ahora aquí estamos otra vez.
Han pasado muchas cosas desde que no caigo por estos lares. He llevado golpes, he dado pisotazos, he luchado por llegar y probar el sabor de tus labios de nuevo y cada vez que me voy me cuesta más volver.
Pero te amo como el primer día, me sigues deslumbrando cada anocheces y sigues provocando en mí esa sed insaciable de ti. ¡Eres tan atractiva! ¡Tan bella, Soledad!
Creía que no volvería, he llegado a ser cobarde y hasta a rendirme pero te prometo, querida, que por ti hubiese muerto si fuese necesario.
He pasado noches sin dormir, días sin comer y encerrada en mi misma. Lo he pasado mal, pocas veces bien y he llorado durante horas hasta que no caían más lágrimas. Pero estoy tranquila, hoy estarás entre mis sábanas, como hace ya tantos años.
He agotado mi paciencia, mis sonrisas, mi tiempo y mi tranquilidad. Vengo a reponerme junto a lo único que nos quedas a todos.
Continúa la helada pero no importa, hoy la luna también nos acompaña.
Buenas noches, Soledad.
P.
PD: ¿Tienes tanto frío como yo o es que vuelvo a la etapa escalofriante?
No hay comentarios:
Publicar un comentario