Así como de mí, también se enamoró del color morado, del paisaje veneciano, de la música que me hacía sentir viva, de ciertos poemas de amor, de las tormentas desde la cama, de los largos viajes en coche, de los domingos... Se enamoró de un sencillo beso, de la paciencia, de la voz que pongo cuando le hablo a la mascota, de la timidez con la que a veces me confieso. Se enamoró de cada verso que le escribo, de cada anochecer y más aún de los amaneceres. Se enamoró por mí de las estrellas más brillantes, del verde suspiro en la montaña, de tic-tac del reloj. Se enamoró hasta de mis defectos.
En cambio yo, tan ilusa, me enamoré de sus ojos y ante esas perlas ya no habrá marea que me lleve.
Un día tonto nos miramos y desde entonces no hemos vuelto a ver el norte pero ya no nos importa. No olvidamos de donde venimos, poco sabemos de quiénes somos y ninguno sabe a donde vamos pero sí tenemos claro nuestro lugar, el verdadero y nuevo hogar.
Suele quedarse dormido mientras le hablo, no es capaz de guardar la ropa cuando llega a casa y se cambia, tiene un humor distinto en cada minuto del día, a veces se enfada, es un romántico empedernido, nunca dice "lo siento" solo una vez, es débil y llora más de una vez al mes.
La experiencia es el congelador para el corazón. Dejé que la enorme piedra que pesaba en mi pecho recibiese un rayo de sol pero aún me cuesta demostrar hasta que punto necesito su sonrisa. ¡Ay, su sonrisa! La necesito tanto como el aire que respiro. Es un soplo de aire fresco, es la vida.
Ojalá pudiese resumir con estas pobres letras cuanto siento cada traspiés, cuánto más te amo cada día, cómo te daría hasta mis sueños. Ojalá fuesen suficientes para que entiendas lo que significa tenerte aquí, a escasos centímetros de mí como cada noche, y aún sentir como se me pone la piel de gallina al observarte.
Eres la droga más sana de todas, por encima incluso del amor.
Ha podido tener a verdaderas princesas, ha conquistado sin articular palabra a más de dos, de tres... Acudían a él como el oso a la miel y hasta era estresante darse cuenta de los pares de ojos (entre ellos los míos) que observaban con detenimiento cada movimiento que hacía. Fue duro sentirme desapercibida pero el caso es que nunca lo fui.
El 1 de mayo arrebató de mi jardín la flor más bonita. Seis años después, como si pudiese escuchar mi llanto aún, me regaló el cielo con el sol más esplendido que jamás hayais visto. Surqué de él cada nube, cada destello, cada silencio y cada lágrima. Estaba tan ciega con mi frío y hogareño invierno que olvidé lo suave que acarician los rayos finos en la piel.
Pasan los días, las semanas, las estaciones y en cada nuevo andén quiero verte a mi lado, como has estado hasta ahora. No tengo palabras para agradecerte cada aventura.
Y siempre puedo amarte más, ya sabes... Seguiré haciéndolo todos los días y puede que hasta me lleguen a gustar las sorpresas.
P-
PD: Sobran dedicatorias, Soledad, de ti ya me gustan hasta las sorpresas.
Cartas a mi querida Soledad:
Reflexiones, formas diferentes de contar sentimientos que quizás a muchos nos acompañan... Un diario de diferentes vidas que se las contaré a Soledad, un sentimiento con afán de escucha. Permanece en todos. Ha conseguido envolverme y hablar conmigo a cada segundo de mi vida en un silencio agudo, a veces incomodo pero ella siempre sabe como abrazarte. Consuela.
Llaman mi atención.
lunes, 20 de enero de 2014
martes, 15 de octubre de 2013
Llega el invierno, Soledad:
El agua corre por las calles despejando la ciudad. Como no, es octubre otra vez. Este año ha venido más caluroso de lo que me hubiese gustado, pero de todos modos sigue teniendo esa esencia tan única y es que todo ocurre en octubre:
Aquella niña se enfrentaba a grandes cambios y es de saber que no a todo el mundo le agrada, sin embargo a ella le atraía la idea de dejarlo todo pero eso aún no lo sabía.
Nunca pensó que sería así, que todo cambiaría por una mirada.
Hacía años lo había visto pasar, había dejado que pasase ante sus ojos una y otra vez. Nunca, nunca había sido capaz de decirle absolutamente nada.
Llegó octubre, llegó paralizando de nuevo su vida.
Aquel día no solo lo vio pasar, también pudo sentir su mirada.
La primera mirada parecía haber sido casualidad, pero sinceramente yo no creo en eso. La segunda, simple torpeza. La tercera fue totalmente buscada. Ella se reía por todo, no podía evitar sentirse feliz. Hacía bromas realmente estúpidas con su compañero y ambos descargaban de ese modo los nervios de los primeros cambios. Un par de mesas más lejos, aquellos ojos seguían mirando como ella le sonreía cada vez que sus miradas se cruzaban. En él se podía observar incertidumbre, un millón de dudas y de ganas... De ganas de que ella le volviese a mirar.
Pasaron los días entrando y saliendo del mismo lugar, de la misma forma y con el mismo silencio. Soledad, ellos te respiraban profundamente antes de cada suspiro.
Había algo más. Había algo que solo una mirada no podía percibir.
Era el ultimo día paseando al mismo tiempo y por el mismo lugar que ella de aquel niño con cara de bueno y sonrisa tímida. En el último momento cuando ya todos estaban en su sitio él encontró el suyo. De nuevo hablaban de las casualidades de la vida y una vez más yo confío plenamente en el destino.
Les entregaron una ficha en la cual era necesario cubrir su número de teléfono y así fue como la memoria de aquel muchacho dio paso a la mayor locura que se puede sentir en la vida.
En su cabeza no existía nadie más, en su corazón luchaban ambos lados por mantenerse vivos... Ella pasaba sus noches en vela esperando que alguien pusiera fin a tal tortura moral y sentimental.
A él lo sacó de sus casillas, desmoronó todas sus intenciones y sus secretos. Ella se dejó llevar, desveló sus secretos, sus intenciones y donde estaban sus cosquillas.
Compartían un sueño entre otras muchas cosas. Realmente era especial.
Se acabaron las miradas en la distancia, los silencios y los miedos. Se entregaron plenamente por un momento, se miraron de la forma más sincera que jamás habían hecho. Se amaron fría e intensamente por un instante.
Descubrió con él su lado más austero... La importancia de vivir sin límites, de buscarse su propia suerte y fabricar de la forma más simple una enorme playa, con un atardecer cálido imaginando así que algún día se haría realidad.
Ella seguía buscando los cambios más correctos, él la forma de que olvidase lo que esta bien y lo que esta mal.
Incapaz de vivir el momento, se le fue de las manos. Quizás fue la culpa, quizás el pensar demasiado. Lo dejó ir y él insistió; comenzó a sentirse pequeña a su lado, el comenzó a ser más brusco a la hora de hablar de tratarla... Ella se asustó, le asustó todo. Él insistió e insistió. Ella le dijo la verdad, después se marchó.
Volvió a insistir.
Faltaron palabras de su boca y fue lo correcto, al final lo echó de su vida como le había dejado entrar... en silencio.
Podría escribirle un final feliz, contar que él encontró a su chica de la playa y que ella eligió lo correcto pero a pesar de que eso podría hacerles felices a los dos, el vacío que dejaron con el paso del tiempo, con el paso de las palabras, nunca se volvió a llenar.
Supongo que son esas historias que cuenta octubre y sus calles mojadas. Empiezan donde acaban, empiezan como acaban.
PD: "Expreso todo con una mirada, tanto que puedo alejarme de ti." Anónimo.
P.
domingo, 2 de junio de 2013
Buenas tardes de primavera, Soledad:
La mayor debilidad del ser humano es la capacidad de sentir, sobre todo cuando esos sentimientos lo producen las personas ajenas a uno mismo.
Entre los diversos sentimientos que nos dominan hay un poderío que, en mi opinión, se disputa el primer puesto entre dos: el amor y la pena. Ambos son capaces de manipular la racionalidad que nos distingue de los animales, hasta el punto de destruir cualquier atisbo de orgullo o superioridad en el ser humano. Los dos sentimientos serán capaces de ir deshaciéndote pedazo a pedazo y lentamente.
No existen las penas que nos hagan bien, en cambio, sí hay amores que nos facilitan la paz, la felicidad e incluso el cielo en muchos sentidos y periodos de tiempo.
A pesar de que amar nos carcome, es una oportunidad para conocer nuestros límites. Nos modifica como personas haciéndonos mejor de un modo y mucho peor de otro: mejor porque a pesar de la codicia, el egoísmo o incluso el odio que nos mueve y que llegamos a sentir hacia el resto de la humanidad la persona enamorada sería capaz de anteponer su propia vida por proteger la vida de la persona amada en cuestión; mal porque la protección de esa persona no tiene precio ni límites.
Este sentimiento implica un cara a cara con la locura más impaciente e insaciable.
Cuando te enamoras comprendes la importancia de las primeras veces, esas cosas que nunca vuelven a suceder, eso tan irrepetible y tan complicado de recordar en muchas de las ocasiones.
No podría contar a ciencia cierta que la primera vez que te vi fue en un parque una noche cualquiera de invierno, pero sí que fue la primera vez en la que me fijé en esos ojos grisáceos-verdosos. Llamaron mi atención muy en la distancia. No podría afirmar a ciencia cierta que la primera vez que hablamos fue en una plaza otra noche de invierno, pero sí que no podré olvidar que la primera larga conversación que mantuvimos por una red social nos ha cambiado la vida. Hay muchas cosas que no puedo afirmar a ciencia cierta, muchas primeras veces de las que no estoy segura pero sí puedo asegurar que cada una de ellas han ido dejando un pedacito de mí en ti y un pedacito de ti en mí.
Le robé segundos al tiempo en un atardecer un tanto extraño para poder besarte por primera vez a ciencia cierta. Me sobró tiempo para saber que algo, en ese momento, había cambiado y es que tanto tú como yo ya estábamos conectados en un bucle de la vida que sin saber por qué nos puso ahí, uno al lado de otro, y no enfrente, para que sigamos en camino y no nos estaquemos en una rutina liosa que al fin y al cabo es el camino corriente.
Admiro lo complicado y siempre me parece el camino correcto porque desde el momento en el que luchas por algo se hace más tuyo que nada de lo que puedas conseguir por un camino sencillo.
Nadie dijo que amar fuese fácil, tampoco nos lo dijeron de la vida y a pesar de que a veces nos ahoguemos en un vaso de agua, la seguimos viviendo. Amar no es fácil, no, pero tenemos que seguir amando porque al final siempre será el sustento de existencia humana: amar y ser amado.
Me pregunto cuantas personas se ocultan tras fachadas como esas, tan independientes, tan bruscas...Me pregunto cuantas personas tendrán mi suerte y es que he conocido a un chico que tras esa timidez y esa seriedad sonríe como un niño en la mañana del 6 de enero cada vez que me ve.
Nos pasamos una vida buscando las historias que aparecen en las películas mientras nosotros sufrimos y lloramos. Me canse de buscar muy pronto, sufrí relaciones vacías antes de lo que debería y fue justo en el instante en el que deje de buscar cuando me encontró.
La impaciencia es uno de mis defectos y en realidad el de muchos ya que desde niños nos inculcan lo poco que dura un minuto, lo rápido que se pasa una hora y es cierto. Tenemos prisa por crecer y cuando crecemos deseamos volver atrás, ante esto solo puedo decir que ya no me importa el tiempo cuando alguien de quien no esperaba nada un día entró en mi vida por la puerta grande, paró el reloj y me permitió empezar de cero. Sin juzgar mi pasado, sin calcular ni planificar el futuro...Solo estar conmigo, ahora, en el presente.
Entre los diversos sentimientos que nos dominan hay un poderío que, en mi opinión, se disputa el primer puesto entre dos: el amor y la pena. Ambos son capaces de manipular la racionalidad que nos distingue de los animales, hasta el punto de destruir cualquier atisbo de orgullo o superioridad en el ser humano. Los dos sentimientos serán capaces de ir deshaciéndote pedazo a pedazo y lentamente.
No existen las penas que nos hagan bien, en cambio, sí hay amores que nos facilitan la paz, la felicidad e incluso el cielo en muchos sentidos y periodos de tiempo.
A pesar de que amar nos carcome, es una oportunidad para conocer nuestros límites. Nos modifica como personas haciéndonos mejor de un modo y mucho peor de otro: mejor porque a pesar de la codicia, el egoísmo o incluso el odio que nos mueve y que llegamos a sentir hacia el resto de la humanidad la persona enamorada sería capaz de anteponer su propia vida por proteger la vida de la persona amada en cuestión; mal porque la protección de esa persona no tiene precio ni límites.
Este sentimiento implica un cara a cara con la locura más impaciente e insaciable.
Cuando te enamoras comprendes la importancia de las primeras veces, esas cosas que nunca vuelven a suceder, eso tan irrepetible y tan complicado de recordar en muchas de las ocasiones.
No podría contar a ciencia cierta que la primera vez que te vi fue en un parque una noche cualquiera de invierno, pero sí que fue la primera vez en la que me fijé en esos ojos grisáceos-verdosos. Llamaron mi atención muy en la distancia. No podría afirmar a ciencia cierta que la primera vez que hablamos fue en una plaza otra noche de invierno, pero sí que no podré olvidar que la primera larga conversación que mantuvimos por una red social nos ha cambiado la vida. Hay muchas cosas que no puedo afirmar a ciencia cierta, muchas primeras veces de las que no estoy segura pero sí puedo asegurar que cada una de ellas han ido dejando un pedacito de mí en ti y un pedacito de ti en mí.
Le robé segundos al tiempo en un atardecer un tanto extraño para poder besarte por primera vez a ciencia cierta. Me sobró tiempo para saber que algo, en ese momento, había cambiado y es que tanto tú como yo ya estábamos conectados en un bucle de la vida que sin saber por qué nos puso ahí, uno al lado de otro, y no enfrente, para que sigamos en camino y no nos estaquemos en una rutina liosa que al fin y al cabo es el camino corriente.
Admiro lo complicado y siempre me parece el camino correcto porque desde el momento en el que luchas por algo se hace más tuyo que nada de lo que puedas conseguir por un camino sencillo.
Nadie dijo que amar fuese fácil, tampoco nos lo dijeron de la vida y a pesar de que a veces nos ahoguemos en un vaso de agua, la seguimos viviendo. Amar no es fácil, no, pero tenemos que seguir amando porque al final siempre será el sustento de existencia humana: amar y ser amado.
Me pregunto cuantas personas se ocultan tras fachadas como esas, tan independientes, tan bruscas...Me pregunto cuantas personas tendrán mi suerte y es que he conocido a un chico que tras esa timidez y esa seriedad sonríe como un niño en la mañana del 6 de enero cada vez que me ve.
Nos pasamos una vida buscando las historias que aparecen en las películas mientras nosotros sufrimos y lloramos. Me canse de buscar muy pronto, sufrí relaciones vacías antes de lo que debería y fue justo en el instante en el que deje de buscar cuando me encontró.
La impaciencia es uno de mis defectos y en realidad el de muchos ya que desde niños nos inculcan lo poco que dura un minuto, lo rápido que se pasa una hora y es cierto. Tenemos prisa por crecer y cuando crecemos deseamos volver atrás, ante esto solo puedo decir que ya no me importa el tiempo cuando alguien de quien no esperaba nada un día entró en mi vida por la puerta grande, paró el reloj y me permitió empezar de cero. Sin juzgar mi pasado, sin calcular ni planificar el futuro...Solo estar conmigo, ahora, en el presente.
Así fue, así pasé de conocerte de un par de noches a que ahora sienta que eres como de toda la vida.
Yo era de esas personas que necesitaba recordar cada fecha, cada detalle cuando algo importante empezaba en mi vida porque de algún modo eso me llenaba; el caso es que cuando tú llegaste olvidé en que día estaba. No, no se cuando empezó, no hay un segundo exacto, no necesito números que rellenen el recuerdo de lo que está pasando... Estabas tú y estaba yo, perdidos en aquel momento, en una etapa difícil de la vida cuando el destino, la casualidad o en lo que quieras creer nos ha cruzado.
Tras muchas conversaciones y la perdida de la vergüenza comprobamos que por separado creímos estar locos cuando pensábamos en el otro, sin embargo el otro nos pensaba con las mismas ganas, pero pensar era demasiado simple y la necesidad de hacer algo por un nosotros era evidente.
Fue en un principio una mala idea, empezar a mirarnos el uno al otro a cada momento y tener la sensación de que el otro nunca nos miraba, fue un despiste con tus pies en mi espalda, el valor que tuviste al hablarme, el valor que tuve al responderte. Fue superar juntos el miedo a lo nuevo, saber que aún nos queda mucho a lo que enfrentarnos pero haber comprobado ya que por separado el mundo es como estar bajo el agua a oscuras con los ojos cerrados y un millón de serpientes llenas de pinchos bajo nuestros pies. Son las ganas que tenemos... Recordar que un día, solos, cerca de una fuente, cuando nada debería de ser así, surgió una visión en mi cabeza que me dejó sin aire y con un millón de dudas que rápidamente despejaste de mi cabeza.
El amor es un océano infinito de posibilidades, donde todo empieza y la razón de que muchas cosas acaben.
Peco de redundancia respecto al tiempo y a la vida pero es que en realidad son términos sobrevalorados. Sentimos respecto a cada persona de modo diferente y a pesar de que antes valoraba el paso de los años al lado de personas que creía que serían para siempre, lo que siento me ha enseñado que tanto da un mes que trece años, que cuatro o que diez y ocho... Si te dan razones para vivir y la vida misma los ha puesto en un camino no le des más vueltas, no querrás más a una persona por el tiempo que lleves a su lado (de hecho en ocasiones comienzas a quererla cada vez menos), quieres a las personas por las vivencias que resisten a tu lado.
No diré que ojalá me hubieses encontrado antes porque en realidad te tomo como una recompensa al igual que tú me tomas como una enseñanza, ya que siento que eres mi respuesta de la vida a tantas preguntas como las de "¿y por qué a mí?". Creo que eres el trofeo de tantas batallas perdidas todos estos años, el tesoro perdido que tanto ansié. Desde que esto empezó eres mi sonrisa cada mañana y aunque las cosas se ponen difíciles a veces eres la razón por la que descanso más tranquila.
El tiempo es efímero al igual que la vida y estamos aquí para disfrutar de cada día como si fuese el último.
Esta vez no pienso decir que esto será para siempre, que los amores nunca mueren o que podremos soportarlo todo. Conscientes de que uno u otro podríamos acabar con lo que uno u otro comenzó, te diré que a pesar de la distancia o los caminos diferentes que podamos tomar en un futuro me alegro de haberte conocido, me alegro de haber tenido la oportunidad de estar con alguien como tú porque ya solo hasta aquí ha merecido la pena. ¡Qué libremos muchas guerras juntos y que nos sigamos haciendo felices, que en realidad es lo único que importa!
Me inclino más hacia la idea de avanzar que de rendirme. Se que cuesta y a veces es indebido pero es lo mejor ya que esta vida es un juego y cada uno marca unas normas, no deberíamos de obedecer las de nadie porque nadie luchará por nosotros y de no luchar estaremos perdidos.
Soledad, has estado más que nunca presente en mis días y han sido realmente duros. He dejado de escribirte porque a pesar de que el dolor me inspira me he esforzado esta vez en poder contarte una alegría de las de verdad y como puedes ver te he traído la mejor. Tarde, mal y a rastro pero ha merecido la pena abandonar por un momento este proyecto.
Se que la suerte no está siempre de nuestro lado, pero te puedo asegurar hay suertes que llegan para quedarse.
PD: Primavera me ha dejado de nuevo hace a penas un mes, cuando por fin he decidido dejarla marchar. Ahora que otras flores florecen en mi jardín no dudo de que era la más bella. He cortado las rosas rojas porque tenían demasiadas espinas y en realidad poco color, ahora cuatro tulipanes y unas cuantas margaritas hacen de mi vida un jardín más apacible. Ya huele a verano.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Querida Soledad:
No quiero frenar el tiempo, no busco saber del futuro, no espero aprenderlo todo del pasado solo quiero tenerme en cuenta en el presente y nunca olvidar a los que me han hecho llegar hasta aquí.
De fondo suenan, mi querida amiga, unas canciones divertidas llenas de color y de campanas pero todo parece ser una fachada para no admitir la dificultad de estas fechas.
Llueve en el alma, se agrieta el corazón, se fingen las sonrisas y todos los que nos sentamos alrededor de la misma mesa durante todos los años observamos con pesadez en el rostro esos asientos vacíos, pero seguimos comentando cosas absurdas para ver reír al de al lado.
Ahora toca pensar en la definición de familia. Según la RAE la primera definición es: Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.
Pues bien, llegados a esta conclusión permitirme dar mi propio argumento. La familia es tu total, tus carencias, tus impulsos, tus sonrisas, tus miradas, tus malos días, tus abrazos más sinceros, tus mañanas a gritos, tus noches a risas, tus recuerdos, tu futuro y tu presente. No hace falta convivir con la familia de cerca para sentirla, no hacen falta palabras para poder comunicarse con ella, no es necesario verla cada mañana para saber que pase lo que pase van a estar ahí. Parte de mi sangre recorre las venas de muchas personas pero mi corazón viaja al lado de otras que un día el destino plantó en mi camino, el cual me pidió que lo cuidase para que ellos diesen fruto. Y así fue, amada mía... Así se forman las verdaderas familias. Un día conoces a una persona y sin darte cuenta hace de tu vida algo mucho más valioso.
Mi vida perdió valor con los años y lo ha ganado por otros.
Hoy te contaré como perdí valor:
Cuando aquella niña era más pequeña crecía rodeada de una naturalidad que llevaba impregnada en las venas. Todas las mujeres de aquella familia de sangre se caracterizaban por su fuerte genio. <<Duras como pelouros e listiñas como uns "aniños ou alliños">> (nunca se llegó a saber lo que realmente decía) así las describía una de las mayores.
Aquella tan pequeña seguía sus pasos con gran ímpetu. Fue dulce el tiempo que pasaba en los brazos de sus ejemplos de vida.
Escuchaba cantar cada sábado, disfrutaba de la familia cada día como si todos fuesen fiesta y una persona más en casa significaba unas horas grandiosas. No tenían grandes lujos pero todos sabían que había sentada en la esquina de un banco de la cocina el mayor tesoro que nunca nadie podría poseer y era de ellos por completo. De aquellos, claro, que supieron apreciarlo.
Era su olor a polvos de talco, su sonrisa, su forma de hablar, su buen humor hasta en los peores días, sus verbenas, su piel suave, sus ojos del color de un prado... Su nombre tan incoherente con su manera de ser. Solo un nombre era plenamente acorde a su forma de ser: Primavera. Así la llamaba la pequeña.
Una mañana, ya algo más mayor despertó con llantos en la habitación de al lado. No pudo olvidar el olor a la pintura nueva de su habitación que estaba fría ya que estaba vacía. Solo escuchó: "se murió la abuela".
Aquella mañana, tan temprano, puso una canción. Era una canción triste sobre la pérdida de una madre. Ella pudo comprender el dolor.
Se vistió rápido y el camino de ida se hizo eterno. Cuando llegó, las nubes teñían el cielo de gris y en aquel lugar tan melancólico se forjó un silencio que se clavaba en su pecho como dagas en la espalda.
Entonces empezó a llover cuando ella ya estaba a salvo y recuerda que también empezó a llover en sus ojos.
La vida continuó para aquella niña. Sin más pero con menos al igual que para todas las personas que paseaban a aquella mujer en sus mejores recuerdos, en sus memorias y en su cariño.
Los años pasaron y a partir de ese día aquella estúpida niña no cometía más que errores.
No se rindió.
Soledad, hoy la vida sigue y los de siempre siguen con nosotros.
Hace unas mañanas despertó y sintió que todo era diferente, que por un momento volvía a atrás. No es que quisiera viajar en el tiempo, si no que ella volvió a sentirse plena. El valor, la fortaleza y el rostro de una mujer. Vio que todo era posible, que lo había conseguido: Volvía a ser ella misma.
Se forjó un escudo de pena por última vez ya que había perdido su tiempo todos esos años pero se dio cuenta de que a la mañana siguiente iba a ser un nuevo día y que el tiempo estaba en sus manos.
Este será el último día del año. Por fin se ha acabado el 2012 y toca deshacernos de recuerdos. Por mi parte dejaré bien de cerca el día 1 de enero, el día que las noticias hablaban de niños felices, el reencuentro con los míos, este último día, el día en el que acabé la primera parte de esta última maratón, el día en la playa con mi madre, dos días y una noche en una ciudad cercana, estas últimas semanas tan nocturnas y la madrugada del 23 de agosto sobre la 1:35, una mañana de hace poco en la que recuerdo que la espera no se hizo tan larga pero que el frío me acunaba aún haciendo algo de sol y también quiero quedarme contigo, amiga fiel. Todo lo demás se lo dejo a quien decida marchitar su vida con detalles absurdos. Han sido 365 días muy pesados, muy vacíos pero tengo la sensación de que el 2013 va a venir cargado de buenas noticias para mí, como venían antes y eso es todo lo que quiero sentir hoy.
Gracias a mi familia porque a pesar de los malos momentos de este año tan duro y tan enfermizo no pierden las ganas de fiesta.
Gracias en concreto a una de las personas más maravillosas del mundo, mi madre.
Y como no, a ti, Soledad, que a pesar de haberte dejado de lado mucho tiempo no te faltan ganas de pasar las noches conmigo.
P.
PD: Suerte y feliz año nuevo a todos los que tenéis paciencia para apoyarme en este pequeño sueño que sigo desde hace mucho tiempo. Gracias a vosotros también.
Una mañana, ya algo más mayor despertó con llantos en la habitación de al lado. No pudo olvidar el olor a la pintura nueva de su habitación que estaba fría ya que estaba vacía. Solo escuchó: "se murió la abuela".
Aquella mañana, tan temprano, puso una canción. Era una canción triste sobre la pérdida de una madre. Ella pudo comprender el dolor.
Se vistió rápido y el camino de ida se hizo eterno. Cuando llegó, las nubes teñían el cielo de gris y en aquel lugar tan melancólico se forjó un silencio que se clavaba en su pecho como dagas en la espalda.
Entonces empezó a llover cuando ella ya estaba a salvo y recuerda que también empezó a llover en sus ojos.
La vida continuó para aquella niña. Sin más pero con menos al igual que para todas las personas que paseaban a aquella mujer en sus mejores recuerdos, en sus memorias y en su cariño.
Los años pasaron y a partir de ese día aquella estúpida niña no cometía más que errores.
No se rindió.
Soledad, hoy la vida sigue y los de siempre siguen con nosotros.
Hace unas mañanas despertó y sintió que todo era diferente, que por un momento volvía a atrás. No es que quisiera viajar en el tiempo, si no que ella volvió a sentirse plena. El valor, la fortaleza y el rostro de una mujer. Vio que todo era posible, que lo había conseguido: Volvía a ser ella misma.
Se forjó un escudo de pena por última vez ya que había perdido su tiempo todos esos años pero se dio cuenta de que a la mañana siguiente iba a ser un nuevo día y que el tiempo estaba en sus manos.
Este será el último día del año. Por fin se ha acabado el 2012 y toca deshacernos de recuerdos. Por mi parte dejaré bien de cerca el día 1 de enero, el día que las noticias hablaban de niños felices, el reencuentro con los míos, este último día, el día en el que acabé la primera parte de esta última maratón, el día en la playa con mi madre, dos días y una noche en una ciudad cercana, estas últimas semanas tan nocturnas y la madrugada del 23 de agosto sobre la 1:35, una mañana de hace poco en la que recuerdo que la espera no se hizo tan larga pero que el frío me acunaba aún haciendo algo de sol y también quiero quedarme contigo, amiga fiel. Todo lo demás se lo dejo a quien decida marchitar su vida con detalles absurdos. Han sido 365 días muy pesados, muy vacíos pero tengo la sensación de que el 2013 va a venir cargado de buenas noticias para mí, como venían antes y eso es todo lo que quiero sentir hoy.
Gracias a mi familia porque a pesar de los malos momentos de este año tan duro y tan enfermizo no pierden las ganas de fiesta.
Gracias en concreto a una de las personas más maravillosas del mundo, mi madre.
Y como no, a ti, Soledad, que a pesar de haberte dejado de lado mucho tiempo no te faltan ganas de pasar las noches conmigo.
P.
PD: Suerte y feliz año nuevo a todos los que tenéis paciencia para apoyarme en este pequeño sueño que sigo desde hace mucho tiempo. Gracias a vosotros también.
martes, 18 de diciembre de 2012
Buenas noches a todos una vez más:
Cortarme las alas, quitarme la vista, el habla... No me importa nada mientras tenga letras que permitan que siga escribiendo y contando historias en las que cuele pedazos de mis resentimientos.
Cualquier vida es sencilla si quien la vive piensa poco en ella, pero me considero una persona que aprende y exprime cualquier experiencia al máximo eso hace de mi vida una atracción de sentimientos diaria.
Basta una canción, una simple melodía; me basta con una imagen que me haga sentir llena y también con sentir el frío de la costa noroeste en mi garganta de camino a casa. Cualquier recuerdo basta para que mi mente exprese con precisión cada detalle que pasa por alguno de mis sentidos.
No soy la mejor en esto, no me acerco a serlo pero no lo hago para gustarle a los demás, lo hago porque esto es mi vida y esto es lo que hace que me sienta libre.
Siempre he soñado con ser un pájaro, me encantaría volar. Cuando observo a las aves ir de aquí para allí sin cesar me da la sensación de que a pesar de que nunca salen del mismo sitio en el que están, son libres. Respiran el aire de una naturaleza diferente, especial.
No creo en la felicidad, sí en que es una fase momentánea pero no en ella como forma de vida. Soy pesimista, cabezota y es raro el día en el que esté de buen humor. Pocas veces encuentro razones para decir que estoy bien y en pocas ocasiones olvido. Creo profundamente en el destino, en que ya todo está escrito y soy curiosa, supongo que es por lo que todos vivimos: curiosidad por lo que vendrá mañana. No me considero inteligente pero soy bastante lista, llevo todo a los extremos y me pienso las cosas una y otra vez.
No soy quien aparento ser y es este instante en el que me siento y decido contar un cuento, una historia o seguir escribiendo mis libros en el que soy yo. Muestro mi carácter mis miedos y mis penas. Cuando escribo, a pesar de ser ruda y concienzuda, sale de mi ese corazón vulnerable al que protejo de todo el mundo pero se me ha olvidado cerrar la puerta de atrás en un millón de ocasiones y una vez dentro poco puedo hacer para evitar las heridas.
Soy impulsiva y aún creo que algún día el destino pondrá en mis manos a mi alma gemela... Sueño a cada minuto que tengo y creo plenamente en que la muerte es un gran paso.
Decido crear mi mundo a partir de los desastres, hacer de un sentimiento como es la Soledad algo más apacible aunque le temo con todas mis fuerzas.
Siempre he crecido rápido pero en el fondo merma en mi una niñez a la que ahuyenté por miedo a la ignorancia de las personas adultas que se creen más maduros y más cuerdos por no hacer caso de los niños.
Es como esos personajes que no escuchan a sus mayores porque en teoría los años les ha hecho más locos, cuando en realidad hablan como sabios, enseñan como padres y cuentan las mejores y más reales batallas de una larga vida. Son viejos y las arrugas suman a sus rostros el cansancio de la vida pero eso no quiere decir que todo lo que digan sean tonterías.
Me siento afortunada porque siempre he tenido a personas que me han escuchado, aunque mucho más por aquellas personas que sin conocerme han decidido leer cada palabra y disfrutar con lo que tanto me cuesta decir. Esas personas son las que me dan razones para intentar conseguir este sueño. Les debo esa sonrisa que me sacan al ver una visita más en esta página, les debo la ilusión y la inspiración que me provocan cada vez que me dicen que desean seguir escuchando mis filosofías de calle. Me gusta que la gente comparta este gusto por el sentimiento a campo abierto.
Es duro ser diferente, amiga mía. Es muy duro que nadie te comprenda y saber que lo que sientes y el como lo sientes hace que otras personas se identifiquen contigo es una de las cosas más especiales del mundo. Me gusta describir sensaciones y me parece justo dedicarle esto a las personas que me ceden su tiempo:
Aquella niña se encerraba en sus sueños cada tarde. La vida la había golpeado hasta el punto de no dejarle respirar, estaba agotada de perseguir cada imagen que ella imaginaba y por instante destruyó todo aquello con lo que había crecido.
En el mundo surrealista de su mente cada persona era un valor, un ente extraño diferente a todos los demás. Cada uno de los personajes que pasaban por sus días ella los plasmaba en su cabeza con plena exactitud, una exactitud que pocas personas logran ver a primera vista.
Pocas veces se equivocaba de atuendo para ellas, normalmente era capaz de hacerles marcas para poderlos etiquetar en buenas y en malas pero otras muchas vagaban sin marca alguna porque jamás se dejaban conocer. Estas, con el paso del tiempo, desaparecían en las sombras de las demás.
El caso es que todo eso se vino a bajo con el paso de los tiempos, se caían as letras de las palabras que formaban el suelo y se arrugaban las hojas que formaban el liso y blanco cielo. Era una verdadera locura.
En cuestión de segundo todo estaba empapado por las lágrimas que no había podido sostener.
Se agachó, la pequeña, en una esquina y apareciste tú, Soledad. Entre tu larga melena un rayo de luz clara pero no molesta.
Aquellos personajes venían rogando respuesta. Aquellas personas tan diferentes por pocas que parecían le abrieron camino hasta la puerta, cargaron con los pesados grilletes de su vida y le dieron la oportunidad de devolver aquellas locas letras a su sitio y de alisar el marchito cielo.
Pasaron largos los días. Sudor y lágrimas le costó sentarse enfrente de aquel estropeado lugar pero no se rindió.
Sentía la necesidad de abandonar aunque nunca más volviese a conseguir un sueño pero soñar no es solo cosa de niños.
Amaba sus sueños y el amor no es algo que podamos escoger. Eso es algo parecido al odio. Odiamos porque somos humanos y esta niña odiaba con todas sus fuerzas pero es que eso no era malo, solo quería decir que un día había amado con todas sus ganas. Amaba sus sueños, lo que hacía, el orgullo que sentían los demás cuando la veían trabajar tan duro cada mañana...
Fue valiente y muy fuerte a pesar de cada piedra que encontró en su camino.
No todo fue felicidad, penas en sus cartas se leían, amiga, pero solo hacía falta una pluma y un papel para hacer en su mundo un día nuevo. Cada vez que ella escribía, Amanecer volvía.
¡¿Qué haría sin yo sin ese apoyo?! ¿Sin esos cuatros personajes que lean lo que cuento al menos una vez cada mucho tiempo? Ellos mantienen conmigo este mundo, su fe en esto me da la esperanza suficiente para sentarme y expresar cada detalle que pase ante mis ojos.
A veces me gustaría que cada cosa que pienso mientras paseo, mientras escucho música o simplemente me sucede algo se guardase y que todos pudieseis leer lo que de verdad soy capaz de expresar. Pero mientras eso no sea posible yo seguiré escribiendo para aquellas personas que me ayudan a amanecer.
Gracias.
P.
PD: Soledad, a veces amarte es imposible pero entonces ocurre algo que me incita a hablar contigo. En el fondo es el destino quien me puso en tus manos, así que me dejaré llevar.
Cualquier vida es sencilla si quien la vive piensa poco en ella, pero me considero una persona que aprende y exprime cualquier experiencia al máximo eso hace de mi vida una atracción de sentimientos diaria.
Basta una canción, una simple melodía; me basta con una imagen que me haga sentir llena y también con sentir el frío de la costa noroeste en mi garganta de camino a casa. Cualquier recuerdo basta para que mi mente exprese con precisión cada detalle que pasa por alguno de mis sentidos.
No soy la mejor en esto, no me acerco a serlo pero no lo hago para gustarle a los demás, lo hago porque esto es mi vida y esto es lo que hace que me sienta libre.
Siempre he soñado con ser un pájaro, me encantaría volar. Cuando observo a las aves ir de aquí para allí sin cesar me da la sensación de que a pesar de que nunca salen del mismo sitio en el que están, son libres. Respiran el aire de una naturaleza diferente, especial.
No creo en la felicidad, sí en que es una fase momentánea pero no en ella como forma de vida. Soy pesimista, cabezota y es raro el día en el que esté de buen humor. Pocas veces encuentro razones para decir que estoy bien y en pocas ocasiones olvido. Creo profundamente en el destino, en que ya todo está escrito y soy curiosa, supongo que es por lo que todos vivimos: curiosidad por lo que vendrá mañana. No me considero inteligente pero soy bastante lista, llevo todo a los extremos y me pienso las cosas una y otra vez.No soy quien aparento ser y es este instante en el que me siento y decido contar un cuento, una historia o seguir escribiendo mis libros en el que soy yo. Muestro mi carácter mis miedos y mis penas. Cuando escribo, a pesar de ser ruda y concienzuda, sale de mi ese corazón vulnerable al que protejo de todo el mundo pero se me ha olvidado cerrar la puerta de atrás en un millón de ocasiones y una vez dentro poco puedo hacer para evitar las heridas.
Soy impulsiva y aún creo que algún día el destino pondrá en mis manos a mi alma gemela... Sueño a cada minuto que tengo y creo plenamente en que la muerte es un gran paso.
Decido crear mi mundo a partir de los desastres, hacer de un sentimiento como es la Soledad algo más apacible aunque le temo con todas mis fuerzas.
Siempre he crecido rápido pero en el fondo merma en mi una niñez a la que ahuyenté por miedo a la ignorancia de las personas adultas que se creen más maduros y más cuerdos por no hacer caso de los niños.
Es como esos personajes que no escuchan a sus mayores porque en teoría los años les ha hecho más locos, cuando en realidad hablan como sabios, enseñan como padres y cuentan las mejores y más reales batallas de una larga vida. Son viejos y las arrugas suman a sus rostros el cansancio de la vida pero eso no quiere decir que todo lo que digan sean tonterías.
Me siento afortunada porque siempre he tenido a personas que me han escuchado, aunque mucho más por aquellas personas que sin conocerme han decidido leer cada palabra y disfrutar con lo que tanto me cuesta decir. Esas personas son las que me dan razones para intentar conseguir este sueño. Les debo esa sonrisa que me sacan al ver una visita más en esta página, les debo la ilusión y la inspiración que me provocan cada vez que me dicen que desean seguir escuchando mis filosofías de calle. Me gusta que la gente comparta este gusto por el sentimiento a campo abierto.
Es duro ser diferente, amiga mía. Es muy duro que nadie te comprenda y saber que lo que sientes y el como lo sientes hace que otras personas se identifiquen contigo es una de las cosas más especiales del mundo. Me gusta describir sensaciones y me parece justo dedicarle esto a las personas que me ceden su tiempo:
Aquella niña se encerraba en sus sueños cada tarde. La vida la había golpeado hasta el punto de no dejarle respirar, estaba agotada de perseguir cada imagen que ella imaginaba y por instante destruyó todo aquello con lo que había crecido.
En el mundo surrealista de su mente cada persona era un valor, un ente extraño diferente a todos los demás. Cada uno de los personajes que pasaban por sus días ella los plasmaba en su cabeza con plena exactitud, una exactitud que pocas personas logran ver a primera vista.
Pocas veces se equivocaba de atuendo para ellas, normalmente era capaz de hacerles marcas para poderlos etiquetar en buenas y en malas pero otras muchas vagaban sin marca alguna porque jamás se dejaban conocer. Estas, con el paso del tiempo, desaparecían en las sombras de las demás.
El caso es que todo eso se vino a bajo con el paso de los tiempos, se caían as letras de las palabras que formaban el suelo y se arrugaban las hojas que formaban el liso y blanco cielo. Era una verdadera locura.
En cuestión de segundo todo estaba empapado por las lágrimas que no había podido sostener.
Se agachó, la pequeña, en una esquina y apareciste tú, Soledad. Entre tu larga melena un rayo de luz clara pero no molesta.
Aquellos personajes venían rogando respuesta. Aquellas personas tan diferentes por pocas que parecían le abrieron camino hasta la puerta, cargaron con los pesados grilletes de su vida y le dieron la oportunidad de devolver aquellas locas letras a su sitio y de alisar el marchito cielo.
Pasaron largos los días. Sudor y lágrimas le costó sentarse enfrente de aquel estropeado lugar pero no se rindió.
Sentía la necesidad de abandonar aunque nunca más volviese a conseguir un sueño pero soñar no es solo cosa de niños.
Amaba sus sueños y el amor no es algo que podamos escoger. Eso es algo parecido al odio. Odiamos porque somos humanos y esta niña odiaba con todas sus fuerzas pero es que eso no era malo, solo quería decir que un día había amado con todas sus ganas. Amaba sus sueños, lo que hacía, el orgullo que sentían los demás cuando la veían trabajar tan duro cada mañana...
Fue valiente y muy fuerte a pesar de cada piedra que encontró en su camino.
No todo fue felicidad, penas en sus cartas se leían, amiga, pero solo hacía falta una pluma y un papel para hacer en su mundo un día nuevo. Cada vez que ella escribía, Amanecer volvía.
¡¿Qué haría sin yo sin ese apoyo?! ¿Sin esos cuatros personajes que lean lo que cuento al menos una vez cada mucho tiempo? Ellos mantienen conmigo este mundo, su fe en esto me da la esperanza suficiente para sentarme y expresar cada detalle que pase ante mis ojos.
A veces me gustaría que cada cosa que pienso mientras paseo, mientras escucho música o simplemente me sucede algo se guardase y que todos pudieseis leer lo que de verdad soy capaz de expresar. Pero mientras eso no sea posible yo seguiré escribiendo para aquellas personas que me ayudan a amanecer.
Gracias.
P.
PD: Soledad, a veces amarte es imposible pero entonces ocurre algo que me incita a hablar contigo. En el fondo es el destino quien me puso en tus manos, así que me dejaré llevar.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Soledad y compañía:
Volvamos hacia atrás: TAC TIC, TAC TIC... Retrocedamos en el tiempo hasta el instante en el que todo se volvió negro. Poco a poco iremos viendo la historia a la inversa. Después de cada beso viene un grito, después de cada mala cara viene un "buenos días, mi amor", tras cada buen día uno malo, tras cada beso un instante de agonía, por cada momento de placer una eterna conversación, tras cada detalle de amor una lágrima y así hasta que las discusiones se calmaron y solo había nervios por un primer beso.
No te pediré más. Frena ahí, en ese instante donde nuestras pestañas se rozaron por primera vez. Para, ahí donde el simple hecho de apagar la luz se convirtió en un reto. Ahí justo ahí, adelanta un poco, unos segundos, esos segundos en los que nunca recordarás lo que decías, ni si quiera yo puedo recordarlos. Solo me acerqué y te besé torpemente.
Aún siento el cosquilleo en mi estómago. Ahí está la clave, no se trata tanto de volver a atrás físicamente si no de lograr sentir lo que sentiste en aquel momento. Me tiemblan, como aquel día, al escribir. Si cierro los ojos y vuelvo a aquella oscuridad aún me sale la sonrisa, aún siento ese extraño dolor en el pecho, tan inconfundible.
Y entonces me acerco y te beso. A mi mejor amigo, a mi confidente, a mi sueño, a mi todo, a la persona con la que compartía hasta las cosas más íntimas, al caballero, al chico confundido... Le beso y él no deja de hablar, estalla en mí un bochorno impresionante, pero antes de apartarme tenía que intentarlo y volví a hacerlo. Luego todo fue perfecto, todo fue tan natural, tan sencillo. Recogiste con tus manos mi cadera, me acostaste y no dudaste ni un instante en seguirme besando. Fue increíble. Una sensación de adrenalina tan intensa que me daban ganas de gritarle al mundo entero lo feliz que fui en ese instante. Tú tan torpe y yo tan enamorada.
Pero ese no era el final del cuento, ese era el principio.
Cuando después de una noche sin dormir nos despertamos, a pesar de tu sueño no tenias un mal día hacia mí, todo lo contrario, viniste tú hasta mi cama después de un distanciado "buenos días" tan tímido como confuso. Ya en la cama me diste un beso, beso y otro y otro más... Me sentía tan completa y tú parecías tan feliz...
Frenemos ahí y borremos las demás cintas tan odiosas y otras tan bellas. Prefiero perder ciertos recuerdos buenos a no poder curar mis heridas y menos no poder curar las tuyas.
Este es el caso: quedémonos ahí todo este tiempo, volvamos a escondernos pero a demostrarnos que somos el uno para el otro y que nadie podrá meterse entre los dos, NADIE. Volvamos a sentir ese amor.
Parece mentira en que nos hemos convertido tan solo un año después. En monstruos, en personas pésimas. ¡Cómo pudimos amarnos tanto y hacernos tanto daño si ni si quiera pretendíamos hacerlo!
Parece mentira que pase mis horas mirando si me has hablado, parece mentira que pase las noches en vela esperando una respuesta, parece mentira, amor, que después de tantas cosas que hemos dado por esto haya llegado un fin tan agonizante. Parece mentira.
Muy a mi pesar he de decir que es un alivio soltar cada pedazo de mi corazón que has roto e ir pegando implantes del tuyo que yo te roto. Al menos algo tuyo es mío y algo mío es tuyo, al menos aún tengo la esperanza de que pase el tiempo que pase una frase, una canción o un simple día te recordará que te hice feliz. Al menos uno.
Siento haber hecho de ti un pobre infeliz, siento haberte atado a mí de un modo agobiante y obsesivo pero cuando amo tengo miedo y es así mi naturaleza pero todo animal puede ser adiestrado, hasta el más indomable.
Y es así, Soledad, todos somos partícipes de una naturaleza animal, de instintos tan incontrolables como la pasión, como la esperanza o el amor. Todos sentimos por igual, todos cometemos errores por igual. Todos somos al fin y al cabo iguales. Todos moriremos, mejor o peor pero ese es nuestro fin, lo importante es aprovechar cada momento con quien ames, con quien quieras pasar de verdad tu vida y cuidarlo, cuidarlo mucho, tanto que haga que esa persona no te deje nunca, para ello se necesita paciencia, comprensión y la ilusión del primer día como impulso en cada mañana.
Por otro lado, querida mía, opino que amar es de idiotas. ¿Quién querría pasar por tanto dolor?
Pero evitemos el tema. Hoy me apetece describirte un dura final:
Es como un frío de día de noviembre. Notar la helada por tu garganta, quebrando tu voz.
Das pasos a ciegas, empapada con el agua del cielo. Cada lágrima que cae de tus ojos se confunde con una gota de esa lluvia que hace que sea en vano intentar expulsar el dolor.
Gritas de agonía, te encuentras perdida en una eterna plaza de piedra, imperfecta, llena de charcos y con una tenue luz que aún la hace más y más inmensa.
Perforas tu pecho en cada chillido de dolor, de miedo.
Entonces, como si tus piernas fuesen un soporte débil pierden su fuerza y el peso de tantas rocas en el corazón empuja tu cuerpo hasta que aterriza contra el suelo, impidiéndote cualquier tipo de movimiento. Solo deseas morir cuanto antes, solo esperas acabar con el dolor, con la pena, con esa angustia que te mata a cada segundo que pasa sin él.
Cada instante que pasó lo recuerdas, cada momento donde te sentiste querida, cada momento en el que le hiciste llorar y aquellos en los que lloraste por él. Todos, todos pasan por tus ojos rojos y doloridos de tanto intentar ver pero ese agua fría es como ácido y para que te deshace, que te quema...
Los labios te arden por sus besos, tus manos a tientas buscan su cuerpo, su mente te rechaza, tu corazón está totalmente roto en millones de pedazos, por momentos hasta deja de latir. Ya no respiras, tu pecho se oprime cuando intentas llenar tus pulmones, estas hecha trizas.
Se acaba la esperanza. Cierras los ojos con fuerza y sueltas todo el aire despacio, dejas de llorar, dejas de sentir ninguna parte de tu cuerpo que ya yace como si jamás se fuese a levantar, pero sabes que las heridas siguen escociendo y el charco de sangre que te rodea es el símbolo de todo lo que has podido sufrir.
El último hilo de aliento, de voz está a punto de salir de tu boca y debes pensar muy bien lo que dirás. Solo esperas que resuene fuerte en su corazón y nunca te olvide. Con un suspiró y todas tus fuerzas lo dices: siempre te amaré.
Y sonríes, porque sonríes... Porque te hace feliz poder decirle adiós, porque sientes que él será libre y crees que siempre será feliz sin ti.
Cuando cierras los ojos, en ese pequeño instante en los que tus pestañas se juntan pero aún puedes ver una luz tan inmensa como el mar y tan plena como la luna te deslumbra y... y solo esperas que haya sido él, él que estuvo ahí todo el tiempo. Solo esperas oír un "y yo a ti, mi vida" pero ya es tarde y no oyes nada, solo el inmenso silencio apacible que se convierte en una melodía de despedida, en un momento placentero.
Estás orgullosa de poderte ir, estás orgullosa de ti misma porque en lo último que has pensado ha sido en él y eso complace al corazón, reconstruye el alma y te deja descansar ya en paz, por fin en paz con un recuerdo tan cercano como cada beso que te daba.
Querida, ya se ha hecho de noche con tantas cosas que te he confesado hoy. Es mejor que ahora te deje descansar a ti de tanta compañía exagerada.
Recuerda que cuando llores, cuando ya te vayas a ir yo seré tu última luz, yo escucharé tú últimas palabras, yo te amaré siempre. SIEMPRE.
Buenas noches, Soledad.
P.
PD: El vacío del corazón es una sensación muy curiosa.
No te pediré más. Frena ahí, en ese instante donde nuestras pestañas se rozaron por primera vez. Para, ahí donde el simple hecho de apagar la luz se convirtió en un reto. Ahí justo ahí, adelanta un poco, unos segundos, esos segundos en los que nunca recordarás lo que decías, ni si quiera yo puedo recordarlos. Solo me acerqué y te besé torpemente.
Aún siento el cosquilleo en mi estómago. Ahí está la clave, no se trata tanto de volver a atrás físicamente si no de lograr sentir lo que sentiste en aquel momento. Me tiemblan, como aquel día, al escribir. Si cierro los ojos y vuelvo a aquella oscuridad aún me sale la sonrisa, aún siento ese extraño dolor en el pecho, tan inconfundible.
Y entonces me acerco y te beso. A mi mejor amigo, a mi confidente, a mi sueño, a mi todo, a la persona con la que compartía hasta las cosas más íntimas, al caballero, al chico confundido... Le beso y él no deja de hablar, estalla en mí un bochorno impresionante, pero antes de apartarme tenía que intentarlo y volví a hacerlo. Luego todo fue perfecto, todo fue tan natural, tan sencillo. Recogiste con tus manos mi cadera, me acostaste y no dudaste ni un instante en seguirme besando. Fue increíble. Una sensación de adrenalina tan intensa que me daban ganas de gritarle al mundo entero lo feliz que fui en ese instante. Tú tan torpe y yo tan enamorada.
Pero ese no era el final del cuento, ese era el principio.
Cuando después de una noche sin dormir nos despertamos, a pesar de tu sueño no tenias un mal día hacia mí, todo lo contrario, viniste tú hasta mi cama después de un distanciado "buenos días" tan tímido como confuso. Ya en la cama me diste un beso, beso y otro y otro más... Me sentía tan completa y tú parecías tan feliz...
Frenemos ahí y borremos las demás cintas tan odiosas y otras tan bellas. Prefiero perder ciertos recuerdos buenos a no poder curar mis heridas y menos no poder curar las tuyas.
Este es el caso: quedémonos ahí todo este tiempo, volvamos a escondernos pero a demostrarnos que somos el uno para el otro y que nadie podrá meterse entre los dos, NADIE. Volvamos a sentir ese amor.
Parece mentira en que nos hemos convertido tan solo un año después. En monstruos, en personas pésimas. ¡Cómo pudimos amarnos tanto y hacernos tanto daño si ni si quiera pretendíamos hacerlo!
Parece mentira que pase mis horas mirando si me has hablado, parece mentira que pase las noches en vela esperando una respuesta, parece mentira, amor, que después de tantas cosas que hemos dado por esto haya llegado un fin tan agonizante. Parece mentira.
Muy a mi pesar he de decir que es un alivio soltar cada pedazo de mi corazón que has roto e ir pegando implantes del tuyo que yo te roto. Al menos algo tuyo es mío y algo mío es tuyo, al menos aún tengo la esperanza de que pase el tiempo que pase una frase, una canción o un simple día te recordará que te hice feliz. Al menos uno.
Siento haber hecho de ti un pobre infeliz, siento haberte atado a mí de un modo agobiante y obsesivo pero cuando amo tengo miedo y es así mi naturaleza pero todo animal puede ser adiestrado, hasta el más indomable.
Y es así, Soledad, todos somos partícipes de una naturaleza animal, de instintos tan incontrolables como la pasión, como la esperanza o el amor. Todos sentimos por igual, todos cometemos errores por igual. Todos somos al fin y al cabo iguales. Todos moriremos, mejor o peor pero ese es nuestro fin, lo importante es aprovechar cada momento con quien ames, con quien quieras pasar de verdad tu vida y cuidarlo, cuidarlo mucho, tanto que haga que esa persona no te deje nunca, para ello se necesita paciencia, comprensión y la ilusión del primer día como impulso en cada mañana.
Por otro lado, querida mía, opino que amar es de idiotas. ¿Quién querría pasar por tanto dolor?
Pero evitemos el tema. Hoy me apetece describirte un dura final:
Es como un frío de día de noviembre. Notar la helada por tu garganta, quebrando tu voz.
Das pasos a ciegas, empapada con el agua del cielo. Cada lágrima que cae de tus ojos se confunde con una gota de esa lluvia que hace que sea en vano intentar expulsar el dolor.
Gritas de agonía, te encuentras perdida en una eterna plaza de piedra, imperfecta, llena de charcos y con una tenue luz que aún la hace más y más inmensa.
Perforas tu pecho en cada chillido de dolor, de miedo.
Entonces, como si tus piernas fuesen un soporte débil pierden su fuerza y el peso de tantas rocas en el corazón empuja tu cuerpo hasta que aterriza contra el suelo, impidiéndote cualquier tipo de movimiento. Solo deseas morir cuanto antes, solo esperas acabar con el dolor, con la pena, con esa angustia que te mata a cada segundo que pasa sin él.
Cada instante que pasó lo recuerdas, cada momento donde te sentiste querida, cada momento en el que le hiciste llorar y aquellos en los que lloraste por él. Todos, todos pasan por tus ojos rojos y doloridos de tanto intentar ver pero ese agua fría es como ácido y para que te deshace, que te quema...
Los labios te arden por sus besos, tus manos a tientas buscan su cuerpo, su mente te rechaza, tu corazón está totalmente roto en millones de pedazos, por momentos hasta deja de latir. Ya no respiras, tu pecho se oprime cuando intentas llenar tus pulmones, estas hecha trizas.
Se acaba la esperanza. Cierras los ojos con fuerza y sueltas todo el aire despacio, dejas de llorar, dejas de sentir ninguna parte de tu cuerpo que ya yace como si jamás se fuese a levantar, pero sabes que las heridas siguen escociendo y el charco de sangre que te rodea es el símbolo de todo lo que has podido sufrir.
El último hilo de aliento, de voz está a punto de salir de tu boca y debes pensar muy bien lo que dirás. Solo esperas que resuene fuerte en su corazón y nunca te olvide. Con un suspiró y todas tus fuerzas lo dices: siempre te amaré.
Y sonríes, porque sonríes... Porque te hace feliz poder decirle adiós, porque sientes que él será libre y crees que siempre será feliz sin ti.
Cuando cierras los ojos, en ese pequeño instante en los que tus pestañas se juntan pero aún puedes ver una luz tan inmensa como el mar y tan plena como la luna te deslumbra y... y solo esperas que haya sido él, él que estuvo ahí todo el tiempo. Solo esperas oír un "y yo a ti, mi vida" pero ya es tarde y no oyes nada, solo el inmenso silencio apacible que se convierte en una melodía de despedida, en un momento placentero.
Estás orgullosa de poderte ir, estás orgullosa de ti misma porque en lo último que has pensado ha sido en él y eso complace al corazón, reconstruye el alma y te deja descansar ya en paz, por fin en paz con un recuerdo tan cercano como cada beso que te daba.
Querida, ya se ha hecho de noche con tantas cosas que te he confesado hoy. Es mejor que ahora te deje descansar a ti de tanta compañía exagerada.
Recuerda que cuando llores, cuando ya te vayas a ir yo seré tu última luz, yo escucharé tú últimas palabras, yo te amaré siempre. SIEMPRE.
Buenas noches, Soledad.
P.
PD: El vacío del corazón es una sensación muy curiosa.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Noto en el aire algo diferente, querida:
Basta despertar con su respiración fuerte sobre mi nuca, con sus labios en los míos, con su voz en mis oídos, con sus ojos extraños posados en mis pestañas, con sus manos cálidas rodeando mi fría cintura con fuerza y con la seguridad de que me pegaré a él deseando congelar el tiempo en ese instante en el que los dos nos sentimos completos, sin pensar, sin nadie más. Cada detalle basta para sentir algo tan fuerte que hace que sobre todo lo demás.
El día a día es complicado, pesan los problemas en numerosas ocasiones y cuando algo va mal todo duele, es motivo de disputa pero es fantástica la reconciliación. Fundirse en uno de esos besos deseados y necesarios para poder seguir respirando. Merece la pena cada lágrima si su sonrisa aún sigue a tu lado.
El sentimiento del amor es poderoso y sin duda alguna el más doloroso de todos, capaz de trastornar, destruir y transformar a la persona más noble, capaz de terminar con la bondad, con la fidelidad hacia uno mismo... Pero es deseado por cualquier persona. A pesar de ser el que más daño me ha hecho siento lástima por aquellas personas que jamás lo han sentido porque de verdad que es tan pleno que descubres, a pesar de no creer en ella, la felicidad en todos los sentidos.
Me siento afortunada, Soledad. He sido correspondida.
Cuando te enamoras mil y una musas visitan tu cabeza llenándola de dulzura, de esperanza.
Hoy, querida amiga, no voy a escribirte cuentos del pasado, historias imposibles o tristes, hoy no es el día. Te quiero contar una realidad, una historia que se graba en mi piel día a día:
Hace ya más de un año una niña con marcas de dolor en su rostro conoció a un chico que detrás de su sonrisa encontraba las lágrimas más duras que cualquier persona podría echar. Se fundían en abrazos cada mañana y los dos sonreían por un compromiso mudo. Al final las noches hicieron que las palabras saliesen a la luz y cada instante que pasaba era más importante él para ella y ella para él.
Pasó el tiempo entre los dos y se forjó una amistad tan profunda como el mar. Pasaron tormentas juntos, ella consiguió contar quien hacía que las heridas siguiesen sangrado, el consiguió a una amiga que dependía de su aliento para poder seguir en pie. La sacó adelante. Los dos fueron apoyo y balanza.
Poco después la mujer que yacía dormida en el cuerpo de aquella chiquilla despertó, se dio cuenta de que sentirle respirar sobre su cama, despertar con su risa y ver sus ojos llenos de reflejos del color de oro le hacía sentir viva, completa. Él solo tenía miedo pero miedo a no sentir jamás.
Le besó grabando en su pecho la misma frase que tubo después entre sus manos, grabado en un anillo que él le regaló. La tierra dejó de sostenerla firme, solo ese chico podía devolverle los pies al suelo. La vida cobró sentido, el dolor anterior había merecido la pena para ella si aquella era su recompensa. Era feliz.
Pudo comprobar como todo aquello se derrumbaba, el miedo le pudo.
Acabó con todo y a pesar de todo aquello el siguió luchando por el amor de la insegura muchacha.
Se acabó, Soledad. No pienso seguir escribiendo mis errores.
Quiero hablarte del futuro:
Espero noches eternas entre sus brazos, espero besos de su boca cada mañana, deseo cumplir mi sueño con su cuerpo presente en la distancia que habrá de mí hasta la nueva vida, espero ver crecer a nuestro amor de un modo físico, deseo reconciliaciones, pactos y promesas que sean de verdad, para siempre. Deseo cada rincón de él y espero que él desee cada rincón de mí por mucho tiempo. Quiero que mi cuento imperfecto tenga como protagonista a mi perfección personificada.
Es mi necesidad, mi mundo.
Jamás pensé, amada, que alguien podría entrar de ese modo en mi vida, romper todos mis esquemas y hacer de mi la persona mejor. Pero ahí está y sigue.No tengo palabras para agradecer un día más si es a su lado. Eso es, no tengo palabras.
Querida tan mía, Soledad, si es cierto el dicho de que "cada uno tiene lo que se merece" en otra vida he debido de ser un ángel, porque de verdad que poseo el corazón del mejor hombre que me he podido encontrar. Es él, al fin es él.
PD: Hay confesiones que se me quedan cortas.
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