Aquella niña se enfrentaba a grandes cambios y es de saber que no a todo el mundo le agrada, sin embargo a ella le atraía la idea de dejarlo todo pero eso aún no lo sabía.
Nunca pensó que sería así, que todo cambiaría por una mirada.
Hacía años lo había visto pasar, había dejado que pasase ante sus ojos una y otra vez. Nunca, nunca había sido capaz de decirle absolutamente nada.
Llegó octubre, llegó paralizando de nuevo su vida.
Aquel día no solo lo vio pasar, también pudo sentir su mirada.
La primera mirada parecía haber sido casualidad, pero sinceramente yo no creo en eso. La segunda, simple torpeza. La tercera fue totalmente buscada. Ella se reía por todo, no podía evitar sentirse feliz. Hacía bromas realmente estúpidas con su compañero y ambos descargaban de ese modo los nervios de los primeros cambios. Un par de mesas más lejos, aquellos ojos seguían mirando como ella le sonreía cada vez que sus miradas se cruzaban. En él se podía observar incertidumbre, un millón de dudas y de ganas... De ganas de que ella le volviese a mirar.
Pasaron los días entrando y saliendo del mismo lugar, de la misma forma y con el mismo silencio. Soledad, ellos te respiraban profundamente antes de cada suspiro.
Había algo más. Había algo que solo una mirada no podía percibir.
Era el ultimo día paseando al mismo tiempo y por el mismo lugar que ella de aquel niño con cara de bueno y sonrisa tímida. En el último momento cuando ya todos estaban en su sitio él encontró el suyo. De nuevo hablaban de las casualidades de la vida y una vez más yo confío plenamente en el destino.
Les entregaron una ficha en la cual era necesario cubrir su número de teléfono y así fue como la memoria de aquel muchacho dio paso a la mayor locura que se puede sentir en la vida.
En su cabeza no existía nadie más, en su corazón luchaban ambos lados por mantenerse vivos... Ella pasaba sus noches en vela esperando que alguien pusiera fin a tal tortura moral y sentimental.
A él lo sacó de sus casillas, desmoronó todas sus intenciones y sus secretos. Ella se dejó llevar, desveló sus secretos, sus intenciones y donde estaban sus cosquillas.
Compartían un sueño entre otras muchas cosas. Realmente era especial.
Se acabaron las miradas en la distancia, los silencios y los miedos. Se entregaron plenamente por un momento, se miraron de la forma más sincera que jamás habían hecho. Se amaron fría e intensamente por un instante.
Descubrió con él su lado más austero... La importancia de vivir sin límites, de buscarse su propia suerte y fabricar de la forma más simple una enorme playa, con un atardecer cálido imaginando así que algún día se haría realidad.
Ella seguía buscando los cambios más correctos, él la forma de que olvidase lo que esta bien y lo que esta mal.
Incapaz de vivir el momento, se le fue de las manos. Quizás fue la culpa, quizás el pensar demasiado. Lo dejó ir y él insistió; comenzó a sentirse pequeña a su lado, el comenzó a ser más brusco a la hora de hablar de tratarla... Ella se asustó, le asustó todo. Él insistió e insistió. Ella le dijo la verdad, después se marchó.
Volvió a insistir.
Faltaron palabras de su boca y fue lo correcto, al final lo echó de su vida como le había dejado entrar... en silencio.
Podría escribirle un final feliz, contar que él encontró a su chica de la playa y que ella eligió lo correcto pero a pesar de que eso podría hacerles felices a los dos, el vacío que dejaron con el paso del tiempo, con el paso de las palabras, nunca se volvió a llenar.
Supongo que son esas historias que cuenta octubre y sus calles mojadas. Empiezan donde acaban, empiezan como acaban.
PD: "Expreso todo con una mirada, tanto que puedo alejarme de ti." Anónimo.
P.
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