Volvamos hacia atrás: TAC TIC, TAC TIC... Retrocedamos en el tiempo hasta el instante en el que todo se volvió negro. Poco a poco iremos viendo la historia a la inversa. Después de cada beso viene un grito, después de cada mala cara viene un "buenos días, mi amor", tras cada buen día uno malo, tras cada beso un instante de agonía, por cada momento de placer una eterna conversación, tras cada detalle de amor una lágrima y así hasta que las discusiones se calmaron y solo había nervios por un primer beso.
No te pediré más. Frena ahí, en ese instante donde nuestras pestañas se rozaron por primera vez. Para, ahí donde el simple hecho de apagar la luz se convirtió en un reto. Ahí justo ahí, adelanta un poco, unos segundos, esos segundos en los que nunca recordarás lo que decías, ni si quiera yo puedo recordarlos. Solo me acerqué y te besé torpemente.
Aún siento el cosquilleo en mi estómago. Ahí está la clave, no se trata tanto de volver a atrás físicamente si no de lograr sentir lo que sentiste en aquel momento. Me tiemblan, como aquel día, al escribir. Si cierro los ojos y vuelvo a aquella oscuridad aún me sale la sonrisa, aún siento ese extraño dolor en el pecho, tan inconfundible.
Y entonces me acerco y te beso. A mi mejor amigo, a mi confidente, a mi sueño, a mi todo, a la persona con la que compartía hasta las cosas más íntimas, al caballero, al chico confundido... Le beso y él no deja de hablar, estalla en mí un bochorno impresionante, pero antes de apartarme tenía que intentarlo y volví a hacerlo. Luego todo fue perfecto, todo fue tan natural, tan sencillo. Recogiste con tus manos mi cadera, me acostaste y no dudaste ni un instante en seguirme besando. Fue increíble. Una sensación de adrenalina tan intensa que me daban ganas de gritarle al mundo entero lo feliz que fui en ese instante. Tú tan torpe y yo tan enamorada.
Pero ese no era el final del cuento, ese era el principio.
Cuando después de una noche sin dormir nos despertamos, a pesar de tu sueño no tenias un mal día hacia mí, todo lo contrario, viniste tú hasta mi cama después de un distanciado "buenos días" tan tímido como confuso. Ya en la cama me diste un beso, beso y otro y otro más... Me sentía tan completa y tú parecías tan feliz...
Frenemos ahí y borremos las demás cintas tan odiosas y otras tan bellas. Prefiero perder ciertos recuerdos buenos a no poder curar mis heridas y menos no poder curar las tuyas.
Este es el caso: quedémonos ahí todo este tiempo, volvamos a escondernos pero a demostrarnos que somos el uno para el otro y que nadie podrá meterse entre los dos, NADIE. Volvamos a sentir ese amor.
Parece mentira en que nos hemos convertido tan solo un año después. En monstruos, en personas pésimas. ¡Cómo pudimos amarnos tanto y hacernos tanto daño si ni si quiera pretendíamos hacerlo!
Parece mentira que pase mis horas mirando si me has hablado, parece mentira que pase las noches en vela esperando una respuesta, parece mentira, amor, que después de tantas cosas que hemos dado por esto haya llegado un fin tan agonizante. Parece mentira.
Muy a mi pesar he de decir que es un alivio soltar cada pedazo de mi corazón que has roto e ir pegando implantes del tuyo que yo te roto. Al menos algo tuyo es mío y algo mío es tuyo, al menos aún tengo la esperanza de que pase el tiempo que pase una frase, una canción o un simple día te recordará que te hice feliz. Al menos uno.
Siento haber hecho de ti un pobre infeliz, siento haberte atado a mí de un modo agobiante y obsesivo pero cuando amo tengo miedo y es así mi naturaleza pero todo animal puede ser adiestrado, hasta el más indomable.
Y es así, Soledad, todos somos partícipes de una naturaleza animal, de instintos tan incontrolables como la pasión, como la esperanza o el amor. Todos sentimos por igual, todos cometemos errores por igual. Todos somos al fin y al cabo iguales. Todos moriremos, mejor o peor pero ese es nuestro fin, lo importante es aprovechar cada momento con quien ames, con quien quieras pasar de verdad tu vida y cuidarlo, cuidarlo mucho, tanto que haga que esa persona no te deje nunca, para ello se necesita paciencia, comprensión y la ilusión del primer día como impulso en cada mañana.
Por otro lado, querida mía, opino que amar es de idiotas. ¿Quién querría pasar por tanto dolor?
Pero evitemos el tema. Hoy me apetece describirte un dura final:
Es como un frío de día de noviembre. Notar la helada por tu garganta, quebrando tu voz.
Das pasos a ciegas, empapada con el agua del cielo. Cada lágrima que cae de tus ojos se confunde con una gota de esa lluvia que hace que sea en vano intentar expulsar el dolor.
Gritas de agonía, te encuentras perdida en una eterna plaza de piedra, imperfecta, llena de charcos y con una tenue luz que aún la hace más y más inmensa.
Perforas tu pecho en cada chillido de dolor, de miedo.
Entonces, como si tus piernas fuesen un soporte débil pierden su fuerza y el peso de tantas rocas en el corazón empuja tu cuerpo hasta que aterriza contra el suelo, impidiéndote cualquier tipo de movimiento. Solo deseas morir cuanto antes, solo esperas acabar con el dolor, con la pena, con esa angustia que te mata a cada segundo que pasa sin él.
Cada instante que pasó lo recuerdas, cada momento donde te sentiste querida, cada momento en el que le hiciste llorar y aquellos en los que lloraste por él. Todos, todos pasan por tus ojos rojos y doloridos de tanto intentar ver pero ese agua fría es como ácido y para que te deshace, que te quema...
Los labios te arden por sus besos, tus manos a tientas buscan su cuerpo, su mente te rechaza, tu corazón está totalmente roto en millones de pedazos, por momentos hasta deja de latir. Ya no respiras, tu pecho se oprime cuando intentas llenar tus pulmones, estas hecha trizas.
Se acaba la esperanza. Cierras los ojos con fuerza y sueltas todo el aire despacio, dejas de llorar, dejas de sentir ninguna parte de tu cuerpo que ya yace como si jamás se fuese a levantar, pero sabes que las heridas siguen escociendo y el charco de sangre que te rodea es el símbolo de todo lo que has podido sufrir.
El último hilo de aliento, de voz está a punto de salir de tu boca y debes pensar muy bien lo que dirás. Solo esperas que resuene fuerte en su corazón y nunca te olvide. Con un suspiró y todas tus fuerzas lo dices: siempre te amaré.
Y sonríes, porque sonríes... Porque te hace feliz poder decirle adiós, porque sientes que él será libre y crees que siempre será feliz sin ti.
Cuando cierras los ojos, en ese pequeño instante en los que tus pestañas se juntan pero aún puedes ver una luz tan inmensa como el mar y tan plena como la luna te deslumbra y... y solo esperas que haya sido él, él que estuvo ahí todo el tiempo. Solo esperas oír un "y yo a ti, mi vida" pero ya es tarde y no oyes nada, solo el inmenso silencio apacible que se convierte en una melodía de despedida, en un momento placentero.
Estás orgullosa de poderte ir, estás orgullosa de ti misma porque en lo último que has pensado ha sido en él y eso complace al corazón, reconstruye el alma y te deja descansar ya en paz, por fin en paz con un recuerdo tan cercano como cada beso que te daba.
Querida, ya se ha hecho de noche con tantas cosas que te he confesado hoy. Es mejor que ahora te deje descansar a ti de tanta compañía exagerada.
Recuerda que cuando llores, cuando ya te vayas a ir yo seré tu última luz, yo escucharé tú últimas palabras, yo te amaré siempre. SIEMPRE.
Buenas noches, Soledad.
P.
PD: El vacío del corazón es una sensación muy curiosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario