
Era solo una niña, una vez más.
Volvía poco a poco al pasado, supongo que todos tenemos un pié en él y no es malo pero ella tropezó a cayó dentro. No recuerda si fue doloroso, tampoco recuerda el por qué sigue aquí.
Dice que su madre está sola en casa y que sus hermanos están si comer, pero ya son las cuatro de la madrugada. Ayer salió corriendo carretera arriba, las manos no les daban para frenarla, pero ella, a pesar de sus años y sus delgados brazos, ponía toda fuerza y empeño por marcharse.
Comenzó a hablar contigo, Soledad, pero casi ni me creo que la estuvieras escuchando.
Ha vuelto a enamorarse, pero no sabe como es que su amor se fue, o más bien no entiende como puede estar tan enamorada sin poder verlo, sin sentir sus abrazos, su calor, sus besos...
No conoce a sus retoños. Se olvidó de aquellos días en los que los tuvo entre sus brazos. Olvido hasta el dolor y ahora uno nuevo lo supera. Ha perdido todo aquello por lo que vivía anteriormente.
Se pegunta cada vez que frenan su pasos por qué, pero no obtiene respuestas.
No recuerda a los jóvenes que la rodean, no les conoce. Ella vuelve a sentirse joven, también, pero las marcas en sus manos, las arrugas en su piel y su pelo gris no dicen lo mismo. Las canas invaden hasta el blanco de sus ojos.
Cada día cuenta otro hacia atrás y poco a poco comienzan a pasar los años por su mente a la inversa. Es triste ver como vuelve a cometer errores, amada, es muy triste. Sus hijos no la comprenden, sus nietos la extrañan. Sus bisnietos ansiaban conocerla y los que estaban en camino aún llevaban un pedazo de ella en su sangre, pero jamás llegarían a abrazarla.
Cuando los más pequeños llegaron ni si quiera supo distinguir sus llantos, cuando miraba aquel carro ni si quiera supo apreciar el parecido, todo su alrededor había caído sobre sus pies y cada vez que miraba detrás de si, le atormentaba más el presente.
Su memoria cedió paso al olvido. Su vida cedió paso a una muerte impaciente.
Hoy ha vuelto a nacer en su cabeza y, en la de los que tanto soportaron su tan lenta marcha, se ha marchado para no volver.
Algunos cuentan que el destino le ha hecho mil favores por llevársela, otros simplemente extrañamos haberla conocido.
Era fuerte y sabía, pero quiero pensar, Soledad, que te acompaña a ti, como tú a mí.
Y tras este comentario, querida, ¿observas que duro es hacerse mayor? No entiendo a que vienen tantas ganas de crecer...
P.
PD: Guarda en tu memoria hasta el más alegre suspiro del pasado, para que cuando vuelvas todo se haga más llevadero.
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