Ella era una niña encerrada en un cuerpo para grandes.
Caprichosa, borde y rebelde. Ojos burlones, sonrisa sincera y cara de ángel.
La vida para ella no fue sencilla, su cabeza no pudo soportar tal monotonía, quería.
Esta es una historia triste ya que cuando pudo crecer desapareció, no quedó ni su recuerdo. Nunca la habían hecho mujer, jamás había amado y su pies no llegaron a pisar del todo la Tierra.
¿Sabes, amiga? No encajaba en ningún sitio.
¡Oh, por Dios! Parece mentira que esté hablando así... ¡Es todo tan negativo!
Te diré algo: fue la que mejor supo apreciar la vida, cada minuto para ella era un juego diferente, no le importo la pobreza ni el aparentar nada delante de nadie. Supo abrazar a la vida y aferrarse a la muerte sin rechistar. Siempre tenía tiempo para reírse y alegrar el día de los que la rodeaban. Era la reina de sus fiestas y de las tuyas, Soledad... ELLA FUE FELIZ.
Demostró que merecía la pena ser ella misma y vivir un poco más en el mundo y no sobre él.
Era una gran niña, de esas que ya no hay.
Es una pena que ahora los niños sean adultos, hacían mucha más falta adultos que fueran niños, porque los que hay solo son un intento, ocultan su eterna adolescencia.
Querida mía, por culpa de esos niños te estás quedando sin amigos, sin libertad ni formas. Ya ni los niños te quieren inventar, ya nadie quiere darte forma ni acogerte.
Pero siempre habrá alguien en el mundo, crezca o no quiera crecer que te quiera y te haga ser la más bonita de todas.
Por muy negras que hoy estén las nubes, por aún más negras que podrían estar.
P.
PD: ¿Has ido a la peluquería? Te sienta bien ese color que te he puesto esta mañana.

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