La fuerza en tu cabeza de acaba, tu corazón no quiere seguir latiendo y todo es tan negro como el mismo día.
Hoy hacía frío, amada.
La pequeña quería huir de aquella dura vida. Todos la miraban al pasar y susurraban entre ellos. Se sentía agobiada.
El mal de amores no la ayudó a seguir a delante.
La melodía en su garganta retumbaba en su cabeza, la llamó agonía.
Pero la pena para ella no era lo mismo y no quiso dejar ver que estaba mal, decaída, agonizando y con los ojos a punto de estallar.
Quiso ser feliz, hundió su cara en agua tibia para no tener más frío, entró en calor.
Al pasar levantó la cabeza y dejó que el viento moviese su larga melena. El choqué de su pelo con el fuerte aire cesó el sonido de las voces y pudo pisar sobre seguro.
Su mal de amores se curó con un abrazo de un bien de amigos y los dolores con un remedio de mamá.
No era totalmente feliz pero al menos lo intentó y fue capaz de subir su moral.
La realidad, Soledad, fue que un buen llanto en tu compañía y mucho chocolate consiguió que una sonrisa asomase en su rostro cansado mientras dormía en un profundo sueño.
Siempre estás en la mejor de las ocasiones.
P.
PD: A pesar de todo, luego despertó.

