Llaman mi atención.

domingo, 31 de julio de 2011

Querida de mis ojos:

               

El reloj no quiere parar. Los días pasan y mis palabras no los frenan, pero te prometo que usaré la fuerza si hace falta, Soledad, te prometo que los frenaré para quedarme contigo todo lo que pueda.
Te echaba de menos, olvidaba lo necesaria que eres y tan bella como siempre. Eres la única inmortal, la única que se conserva como el primer día pero creces a pesar de todo.
Te siento tan dentro de mí, tanto...
Eres de la única que merece la pena enamorarse y con esto te contaré:
Ella era una niña, linda y caprichosa; él, solo un niño desagradecido y sin conciencia.
Ella se enamoró de él con aquella dulce mirada una fría tarde de otoño. Él creyó haberse enamorado.
Le falló, le hizo llorar y le rompió el corazón en mil pedazos con el tiempo y otras niñas que no le querían tanto como ella le arrastraron por un sendero peligroso.
Otro tiempo pasó y la nostalgia diaria consumía el rostro de la que poco a poco se fue haciendo mujer. Entonces se rindió y dejó su corazón en manos del pasado, creyó que estaría seguro allí a donde nadie vuelve pero él volvió y lo encontró solo; entonces lo reparo con palabras bonitas, cosió sus aberturas con besos dulces y veló por su recuperación con abrazos.
Todo fue mentira. Una vez más ella luchó por el amor de su vida, por el que dio su corazón y regaló sus lágrimas. Y así cada día hasta alcanzar la felicidad entre sus brazos.
Creyó tenerla, pero se esfumó tan rápido como las ganas de él por besarle.
Entonces, Soledad, tú recogiste sus tristes ojos y su alma pesada y la acunaste.
¡Qué grande eres, querida, que grande!
Eres maravillosamente bella y agradable. Sigo sin comprender por qué te temió tanto tiempo.
Ahora soy tuya, amada, toda tuya.

P.

PD: ¿Me cuidarás y apreciarás mi amor? Confío en ti como en nadie.

miércoles, 27 de julio de 2011

Buenas noches, amada:

A pesar de haberme pasado la tarde hablando contigo, me gustaría que supieras que te busqué. Supongo que por una vez más, me hacías mucha falta.
¿Cómo puedes saber tan bien como me siento? Acompañarme y decirlo todo con tu sonoro silencio; me escuchas y me acurrucas en tus débiles brazos con fuerza a pesar de todo... Eres muy valiente, Soledad, muy valiente.
Ha vuelto, ¿verdad? Sí, puede que haya vuelto. ¡No quiero ni pensarlo! ¿Te imaginas que pase una vez más? Quizás no pueda soportarlo esta vez y no resista, amor. ¿Y si se me va la vida ahora?
Pocos pueden entenderme pero esto pende de un hilo muy fino y empieza a escarchar. 
Las veo y ellas me miran, vuelve esa distancia que yo misma ejerzo para evitar el golpe, él no lo comprende y yo solo te tengo a ti. Pero, ¿sabes qué? Ya no me importa, tu me cuidas, me atiendes y me escuchas; ese es el mejor mimo y cariño que me puedes ofrecer y que me das sin dudarlo, por eso te quiero tanto.
Tengo miedo, Soledad, tu aliada Amargura no me mira nada bien y cuando me coge las manos me duele, me hace daño pero es que tienes unas manos tan bonitas, que tienta a mis labios y sus espinas me envenenan poco después. 
Esto es duro, caigo una y otra ver y tan solo es una piedra, pero a pesar de lo pequeña que es pesa más que ninguna así que no puedo hacer nada más que caer. Pero tú siempre me levantas, eso me hace sentirme orgullosa y acompañada ya que a pesar de que este camino es de dos él no está para ayudarme así que tú ocupas tu sitio a pesar de tu flaqueza.
He mirado su lado del camino, Soledad, y estaba llenito de piedras duras y robustas; como se que le cuesta apartarlas le he intentado ayudar como de costumbre y, como también de costumbre, he caído en el intento. Lo estoy pasando muy mal, cariño. Se que estás ahí y eso me levanta el animo, aún así esta vez no es suficiente.
Esta tarde me he vuelto a sentir sola, Soledad. Y sí, tú me acompañabas pero... no hubo manera.
Me preocupa que no pueda seguir, yo quiero y he estado a ras de hacerlo, pero soy una cobarde; ojalá fuera un poco más como tú. Al menos sabes y me crees cuando digo las cosas, siempre son por algo y odio que la gente quiera comprobarlo por su propio pié, no se a que viene eso, ¿sabes? Aún encima que yo lo hago para librarles de cicatrices...
Quizás por eso esté tan vieja y tan pocas personas puedan comprenderme, he caído por otros y otras y eso me ha marcado y me ha quitado muchas piedras del camino que otros aún no saben quitarlas. ¿Cuántos se sienten como yo, querida? 
Parece mentira, aún sigues aquí. Te debo tanto... pienso que es por ti por lo que la cordura perdura en mi cabeza y mi corazón bombea a un buen ritmo.
Hoy se me ha abierto una cicatriz muy grande, sangra y escuece, pero no cura. 
Lloro en silencio como muchos en estos momentos, pero tú estás ahí. Él no ha sabido ver mis lágrimas, una vez más y yo seguiré esperando a mañana. ¡Si es que hay mañana, cielo!
Los hombros me pesan, mi cuerpo de hunde poco a poco, las lágrimas se acumulan y mi paciencia se ha despertado de muy mal humor.
Se que intentarás ayudarme, pero sabes que no podrás. Nunca puedes y él nunca te visita, Soledad. No te quiere conocer y es una lástima, ¡no sabe lo que se pierde! Ni lo sabrá de seguir así y perder. Si te escuchase quizás comprendería algo más pero todos te tuvimos miedo, en esos momentos duros es cuando más vemos quien eres. Le toca tener miedo.
En momentos me pregunto si es totalmente normal, luego escucho cosas mientras caminas de mi mano y me doy cuenta de que no está tan mal, los hay peores.
Soledad, ¿has visto lo difícil que es ser de otro color? Quiero decir, si a ti una persona mulata te cae mal, tientas a generalizar. Sin embargo con los de mi color no sucede eso. Es una lástima, menos mal que tú eso no lo sufres, eres del color del arco iris, agradas mucho la verdad, no entiendo por qué te discriminan a ti también.
Querida de mis ojos, los locos son ellos hazme caso y abrázame fuerte.

Fdo.:
P

PD: No me faltes.