Llaman mi atención.

lunes, 20 de enero de 2014

Ahora siempre las noches son buenas, querido:

Así como de mí, también se enamoró del color morado, del paisaje veneciano, de la música que me hacía sentir viva, de ciertos poemas de amor, de las tormentas desde la cama, de los largos viajes en coche, de los domingos... Se enamoró de un sencillo beso, de la paciencia, de la voz que pongo cuando le hablo a la mascota, de la timidez con la que a veces me confieso. Se enamoró de cada verso que le escribo, de cada anochecer y más aún de los amaneceres. Se enamoró por mí de las estrellas más brillantes, del verde suspiro en la montaña, de tic-tac del reloj. Se enamoró hasta de mis defectos.
En cambio yo, tan ilusa, me enamoré de sus ojos y ante esas perlas ya no habrá marea que me lleve.

Un día tonto nos miramos y desde entonces no hemos vuelto a ver el norte pero ya no nos importa. No olvidamos de donde venimos, poco sabemos de quiénes somos y ninguno sabe a donde vamos pero sí tenemos claro nuestro lugar, el verdadero y nuevo hogar.

Suele quedarse dormido mientras le hablo, no es capaz de guardar la ropa cuando llega a casa y se cambia, tiene un humor distinto en cada minuto del día, a veces se enfada, es un romántico empedernido, nunca dice "lo siento" solo una vez, es débil y llora más de una vez al mes.

La experiencia es el congelador para el corazón. Dejé que la enorme piedra que pesaba en mi pecho recibiese un rayo de sol pero aún me cuesta demostrar hasta que punto necesito su sonrisa. ¡Ay, su sonrisa! La necesito tanto como el aire que respiro. Es un soplo de aire fresco, es la vida.

Ojalá pudiese resumir con estas pobres letras cuanto siento cada traspiés, cuánto más te amo cada día, cómo te daría hasta mis sueños. Ojalá fuesen suficientes para que entiendas lo que significa tenerte aquí, a escasos centímetros de mí como cada noche, y aún sentir como se me pone la piel de gallina al observarte.

Eres la droga más sana de todas, por encima incluso del amor.




Ha podido tener a verdaderas princesas, ha conquistado sin articular palabra a  más de dos, de tres... Acudían a él como el oso a la miel y hasta era estresante darse cuenta de los pares de ojos (entre ellos los míos) que observaban con detenimiento cada movimiento que hacía. Fue duro sentirme desapercibida pero el caso es que nunca lo fui.

El 1 de mayo arrebató de mi jardín la flor más bonita. Seis años después, como si pudiese escuchar mi llanto aún, me regaló el cielo con el sol más esplendido que jamás hayais visto. Surqué de él cada nube, cada destello, cada silencio y cada lágrima. Estaba tan ciega con mi frío y hogareño invierno que olvidé lo suave que acarician los rayos finos en la piel.




Pasan los días, las semanas, las estaciones y en cada nuevo andén quiero verte a mi lado, como has estado hasta ahora. No tengo palabras para agradecerte cada aventura.

Y siempre puedo amarte más, ya sabes... Seguiré haciéndolo todos los días y puede que hasta me lleguen a gustar las sorpresas.

P-

PD: Sobran dedicatorias, Soledad, de ti ya me gustan hasta las sorpresas.